lunes, 30 de junio de 2014

Solo los amantes sobreviven: El lento crepúsculos de los vampiros ilustrados.
Título original: Only Lovers Left Alive
Año: 2014
Duración: 123 min.
País: Reino Unido
Director: Jim Jarmusch
Guión: Jim Jarmusch
Música: SQÜRL
Fotografía: Yorick Le Saux



                                                   




Jim Jarmusch tiene ganada reputación de hacer el cine que él quiere, nunca el que el público pudiera esperar, ni siquiera a partir de películas anteriores suyas. En ese sentido, Sólo los amantes sobreviven es una película muy jarmuschiana y, acaso, sólo para devotos del peculiar director quien, en esta ocasión, se adentra en el mundo de los vampiros, una temática que constituye  una sólida tradición fílmica desde los tiempos legendarios de Bela Lugosi, Lon Chaney, Boris Karloff o el relativamente reciente Christopher Lee. Nada tiene que ver esta película con obras anteriores suyas, ni las lejanas Stranger than Paradise –en la que el look del protagonista, sombrero incluido, es totalmente actual, a pesar del tiempo transcurrido– y Down by Law o las recientes, y magníficas Ghost Dog: The Way of the Samurai, homenaje directo a Le Samuraï, de Jean Pierre Melville, con un impresionante Alain Delon en la obra cumbre del polar francés, y Broken Flowers, con un inspirado Bill Murray en un papel que parece anunciar el muy conseguido de Lost in Translation, de Sofia Coppola.
Haber ido viendo las películas de Jarmusch a lo largo de los años, permite al espectador apreciar la singular variedad de su obra, en la que cuesta lo suyo hallar el sutil hilo conductor que nos permite relacionar todas sus obras con un mismo director. Mientras Almodóvar, por ejemplo, tiene un sello inconfundible que se repite hasta la saciedad en su manera de acercarse a la materia narrativa, Jarmusch elabora una especial poética para cada película, lo cual es de agradecer, aunque no quiere ello decir que siempre el resultado esté a la altura de sus esfuerzos creativos.
Solo los amantes sobreviven toma como pie argumental la situación de reclusión de un vampiro músico y coleccionista que arrastra el cansancio infinito de los siglos a través de los cuales ha ido dejando la impronta de su arte en compositores de muy distintos estilos, desde la música clásica hasta la música actual. Los vampiros alrededor de los cuales construye Jarmusch la historia están al borde de la eutanasia, a fuerza de languidez y acedia, y malviven alimentándose de sangre de bolsa, porque, por la sensibilidad que les ha deparado su elevada cultura, les repugna la faceta cazadora y sanguinaria del vampiro tradicional. Son vampiros ahítos de cultura y carentes por completo del deseo de sobrevivir. Esa decadencia de la especie se refleja a la perfección en los periplos nocturnos que realiza la pareja protagonista en coche por la ciudad fantasma de Detroit, cuyas ruinas son el escenario idóneo por el que arrastran los vampiros su melancolía extrema. Ambos actores y en especial Tilda Swinton componen dos tipos excepcionales y hechizantes. La morosa cámara descriptiva de Jarmusch, que parece haberse contagiado de la decadencia y flojedad de sus personajes, hace un alarde de técnica descriptiva y logra composiciones de insólita belleza tenebrosa, tanto en el interior de la casa como en los exteriores nocturnos. Ahora bien, ese alarde estético no está al servicio de ninguna trama, sino del retrato de un “momento” y una “atmósfera” especiales, una suerte de adiós a la vida mortecina y eterna que se alarga de forma inmisericorde para con el espectador, al cual le sobra buena parte del metraje. Quienes guarden buena memoria de Déjame entrar, de Tomas Alfredson, acabarán haciendo las odiosas comparaciones, y en ese preciso instante comenzarán a pensar que Jarmusch describe perfectamente, pero que apenas tiene nada que narrar. También Max Ophüls era un maestro de la descripción cinematográfica, pero en modo alguno olvidaba que la esencia del cine es la narración. Con todo, ya digo que la atmósfera creada por el director norteamericano es magnífica y la figura desengañada del vampiro/artista, una auténtica estrella del rock, nos trae a la memoria aquella incomprendida película de Tony Scott, El Ansia, con un rutilante David Bowie. Son notables los paralelismos entre ambas, pero mientras en The Hunger se nos muestran unos vampiros en plenitud de sus facultades cinegéticas, en Sólo los amantes sobreviven, se nos muestran unos vampiros desamparados y necesitados de descanso auténticamente eterno, sin resurrección posible. La aparición de la hermana de la protagonista, una especie de vampira gamberra que no puede resistirse a la tentación de acabar con el “zombie” del protagonista, el que le sirve de mediador con la realidad de los hombres, ni siquiera es capaz de animar el velatorio continuo que es la película. La reacción indignada y airada, poniendo a la hermana de patitas en la calle, tras haber desangrado a su correo, constituye un ejemplo del nivel ético de estos vampiros lletraferits, tan insatisfechos con su propia condición.
A título anecdótico, cuando el vampiro hace la maleta con sus libros de cabecera, porque se desplazan a Tánger, a la búsqueda de Marlowe, la cámara se recrea en un volumen ¡nada menos que de Ramón de Campoamor!, lo que dejó en estado de auténtico schock a este espectador, porque se codeaba con antiguos clásicos de relieve mundial, lo cual le induce a pensar qué extraño tipo de asesoramiento literario habrá tenido Jarmusch, a la hora de escoger a los autores Cuando la acción se desplaza a Tánger, donde suele vivir la pareja del protagonista, la película parece cobrar interés, siquiera sea por la presencia de un Marlowe, el autor de Fausto, a quien una sangre contaminada está a punto de acabar con su condena eterna. Ese hecho…, pero el final siempre ha de respetarlo el crítico.

Reitero que el excesivo metraje de la película daña mucho las buenas cualidades fílmicas que atesora la cinta, y que un poco menos de languidez y algo más de hemoglobina quizás hubieran hecho de ella una obra redonda, dentro de su género, porque es difícil encontrar una vampira tan vampira como la Swinton, con una presencia imantadora y, a pesar del título, absolutamente asexuada. 

2 comentarios:

  1. Creo que aciertas plenamente en la consideración de la película como de atmósfera vampírica densa y conseguida. Pero no estoy nada de acuerdo en que la película sea floja o lánguida. Ni siquiera nostálgica. Sí decadente que no es lo mismo. La película tiene nervio o a mí me lo pareció. En ningún momento miré el reloj, algo realmente insólito porque suelo tener poca paciencia. Cuando entré en esa atmósfera me dejé llevar por ella y acepté el juego del director y estuve encantado hasta ese enérgico final en que los dos vampiros vuelven a ejercer la caza. Me pareció una película divertida, que no me resultó larga ni creo que le sobre metraje alguno. Yo no conozco el cine de Jarmusch. Vi Down by law hace muchos años y no sé si Fantasmas en el paraíso. No tengo una visión clara de la esencia de su cine. Eso me permite llegar a esta película sin establecer paralelismos o evoluciones, es decir, fresco ante un producto que se apoderó de mí. Sé que Carlos Boyero la ponía como insoportable y pedante, muchos estiman que es demasiado larga, pero a mí hay algunos pedantes que me gustan (no todos) y la naturaleza intelectual y decadente de esos vampiros me gustó mucho. Tiene que ser genial hacer cine sin necesariamente pensar en el público. Y el resultado es que esta película hay algunos que la consideran insoportable y otros que la realzan como muy buena. Yo no soy crítico cinematográfico. Solo me pongo delante de la película y veo como me seduce. Y Solo los amantes sobreviven logró hacerme suyo. Me parecieron unos vampiros muy bien paridos, la historia es interesante. Mira que vivir uno en Detroit y la otra en Tanger... Es divertido. No es floja. Es gótica y está llena de tensión subyacente. No sé si hay suficiente materia narrativa. Puede que no. Pero a mí no me dio la impresión de que le faltara sustancia. En todo caso, hay diferentes maneras de recibir una película y en este caso yo me lo pasé en grande. Lástima no haberla visto en versión original y en el cine.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En versión doblada sí que me daría mucho más miedo... o acababa riéndome...
      Una crítica volandera no permite un análisis exhaustivo, pero hay golpes cómicos como el polo sanguíneo que acaso debería haber destacado en la crítica, pero siempre escribo temeroso de revelar mucho y aguarle la fiesta al posible espectador. Estoy de acuerdo contigo en la seducción que ejercen los personajes, porque componen dos vampiros "raritos", demasiado culturizados, extraños en su gremio, desclasados...; pero creo que la recreación morosa de la cámara, y el comienzo es indicativo de lo que vendrá, aun siendo espectacular fílmicamente, peca de excesiva "fijación". Una cosa es el slow style of life y otra muy diferente este gélido nihilismo vampírico... He echado de menos algo de "movimiento", aunque fuera sin capa... Estéticamente es muy efectivo, eso sí.
      Ah, y en lo de que no eres crítico de cine, sí que no estoy de acuerdo contigo en absoluto. Si Cela decía que novela era todo lo que se escribía debajo de un subtítulo que dijera: Novela; crítico de cine es todo aquel que escribe sobre una película. A ver si no...

      Eliminar