viernes, 8 de abril de 2016

Ópera Prima con mayúsculas: “Requisitos para ser una persona normal”, de Leticia Dolera.



La felicidad estaba en Ikea, pero no sabía cómo montarla…. Extraordinaria Leticia Dolera: Requisitos para ser una persona normal.

Título original:  Requisitos para ser una persona normal
Año: 2015
Duración: 94 min.
País: España
Director: Leticia Dolera
Guión: Leticia Dolera
Música: Luthea Salom
Fotografía: Marc Gómez del Moral
Reparto: Leticia Dolera, Manuel Burque, Jordi Llodrà, Silvia Munt, Miki Esparbé, Alexandra Jiménez, Blanca Apilánez, Jorge Suquet, Carmen Machi, David Verdaguer, Nuria Gago.


Pasan las películas tan rápidamente por la cartelera que antes de que me llegará algún eco del estreno de Requisitos…, ya me la había perdido. Gracias a las entregas de los Goya de El País la he rescatado y debo de decir que en la disyuntiva que me incitó a adquirirla: “O es un bodrio o una cachondada inteligente”, dicho así, inter me, con la confianza que me tengo, he de confesar que me he llevado una sorpresa mayúscula y que la ópera prima de Leticia Dolera es una película exquisita, divertidísima y con un duende especial que complacerá a quien sepa ver la perfecta construcción de una comedia original y llena de escenas felices, con una controlada espontaneidad y una naturalidad que constituye un chorro de aire tan  fresco como inteligente, muy distinto del “horno holandés”, pero directamente relacionado con él…, un microclima de saber hacer que, de muy lejos, remite a ese timing perfecto que descubrieron directores de comedia paradigmáticos como Lubitsch o Wilder, curiosamente germánicos ambos, para que luego digan si tienen o no sentido del humor, austríacos y alemanes… De la memoria, mientras la veía, me llegaba, insistente, el recuerdo de una película indie usamericana en la que la de Dolera  parecía haberse inspirado, si bien la originalidad de la que estaba viendo me impedía precisar ese recuerdo del que me fui desprendiendo poco a poco, a medida que el desarrollo de la historia de Requisitos… avanzaba llenándome de satisfacción. Después, acabada la excelente historia de Requisitos.., porque el guion es, como requiere una buena comedia, uno de los puntos fuertes de la película, acabé recordando a Miranda July y su película, Tú, yo y todos los demás. Todo empezó con el vago parecido físico que percibía en ambas actrices, pero la fragilidad psicológica combinada con una férrea voluntad en ambos personajes acabó de hacer el resto. Son muchas las diferencias que separan ambas películas, sin embargo, y debo decir que es Requisitos… la que sale ganando en esas comparaciones odiosas y estériles a las que los críticos somos, con todo, tan aficionados. Es muy probable que el concepto naíf pueda explicar la perspectiva desde la que nacen ciertas vidas que se cruzan, encuentran y desencuentran a lo largo de la película, o el espíritu Amélie que subyace en la concepción de la protagonista, o, por qué no, el friquismo de unas vidas que, literalmente, no encajan en la “normalidad” a la que se aspira, como pone de relieve el hermano con síndrome de Down de la protagonista: “yo no quiero ser normal”, una suerte de contrateoría que le hace abrir los ojos a la protagonista. Que el desarrollo del guion sea previsible no quiere decir que no se requiera habilidad cinematográfica para llegar a un final que conecte con las emociones del espectador y lo acabe cautivando, sea por su lógica, sea por su fantasía, sea por su espontaneidad. El encuentro entre los protagonistas, magníficos ambos en sus papeles de deliciosos friquis de la inadaptación social: la naturalísima Dolera y el galleguísimo Burque, da pie a la creación de una sociedad de socorros mutuos cuya evolución disparatada seguimos con creciente interés y festiva adhesión. Él, trabajador de Ikea, donde ambos hallan la escenografía perfecta para su relación, y ella, mercadotécnica en paro que ha de regresar, en su treintena, a casa de su madre, viuda, con la que mantiene una distante relación, forman una pareja llena de esa química interpretativa que traspasa la pantalla y cuyas escenas juntos se echan de menos en cuanto María de las Montañas -una vida cuesta arriba…-sale, algo quijotesca, a la aventura de conseguir los checks que completen la lista de requisitos de la persona normal…Y ahí es donde entra en escena, tomándole el relevo a Burque, un actor como Miki Esparbé, a quien no hace mucho vi en un corto excepcional: Doble check, donde borda un tragicómico fanático del control de la pareja por guasap. La relación con él, posible check de “pareja”, y con su círculo de amigos, que resulta ser también de sus amigas de Instituto, casadas con sus amigos, para el check de “vida social”, genera un buen número de secuencias en las que la crítica social de la película hacia los “triunfadores” y su nula conciencia social y ética es tan nítida como inspirada en lo mejor del cine de Woody Allen. Como buena comedia, no faltan algunos toques dramáticos, apenas esbozados, sobre todo por el lado de la madre, una mujer sometida a maltrato físico y psicológico por el marido, ya fallecido, que Dolera resuelve magníficamente, con ese cambio de iluminación que “oscurece” la figura de la madre y su relación con la hija hasta que salen de esa “noche/cochera oscura del alma” -pues la madre tiene la costumbre de rumiar su dolor en el coche familiar que conserva, aunque no lo use, salvo como refugio para la autocompasión- cuando el hijo levanta simbólicamente el portón de la cochera y la familia se “une” a la nueva luz de la reconciliación de madre e hija.
Técnicamente, la película está hecha con una frescura que incorpora con acierto recursos expresivos muy variados, como la incorporación de los grafismos con los que juegan los personajes, como cuando la famosa lista de requisitos aparece en pantalla para complementar el retrato de los personajes a los que supuestamente “envidiar”, por más que su hermano y una transeúnte, enfrentados a ella, le digan: ¿Esa lista es fiable? Ahí está el quid de la trama, en reconocer lo obvio, lo que tenemos delante de los ojos y no sabemos ver, porque ignoramos en qué o en quién hemos de depositar nuestra confianza. Es decir, como he destacado en el título: la felicidad estaba en Ikea, pero no sabía cómo montarla. Le lleva toda la película y algunos desengaños conseguir reconocer su propio  y valioso idiotismo etimológico. En mi calidad de viejo espectador, he sentido algo parecido a lo que experimenté al ver El otro lado de la cama, una comedia musical que me pareció algo así como un testimonio generacional, lo que me parece esta también, a pesar de que la primera la firmaba un director veterano y en esta Leticia  Dolera se estrena con un dominio de la puesta en escena y un gusto en el encuadre que desmienten su noveldad, admítaseme el voquible. Ambas, además, y ya es curioso, fueron ignoradas por la Academia a la hora de repartir sus “cabezones”, y la verdad es que entre el premiado Truman y estos Requisitos…, la duda ofende.

2 comentarios:

  1. Mira que me has recordado esta película. La vi hace unos meses, no sé cuántos y había quedado archivada en las películas que he visto sin pena ni gloria. De hecho tengo que hacer esfuerzo para recordarla. Estuvo bien, una película amable, sencilla, sin demasiadas pretensiones, digna, simpática, pero nada más. No me dijo nada especial. Desde luego la pongo muy por encima de La novia, ese engendro insoportable de pedantería cursi lorquiana o pseudolorquiana.

    Así que no puedo participar de tu gozo cinéfilo sobre esta película, sin duda fresca, pero para mí, fácilmente olvidable.

    Por cierto he visto una polémica entre un tal Juan Pérez y otros en una noticia de El País sobre la crítica de Boyero a la película de Almodóvar. ¿Eras tu?

    Para mi Boyero tiene la misma credibilidad que si Belén Esteban hablar de literatura. No considero posible que este señor logre vivir de esto pero lo hace. Y que sea crítico de El País. Increíble.

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    1. Pues, afortunadamente, debemos de ser millones los Juan Pérez de este país, pero el de esa polémica no era yo, sin dudad. Ayer a última hora leí la crítica de Boyero, tan a la suya como siempre, y sí, tienes razón, es un privilegiado, que le paguen por decir lo que le sale del mingo revulgo... Intuitivamente le doy la razón en algunos aspectos, porque los extractos que aporta me recuerdan algunos de La piel que habito que provocan la vergüenza ajena de cualquiera, pero es "muy de Pedro"...
      Entiendo que la visión de esta película cambia mucho en función de las posibles expectativas con que se va a verla. Totalmente libre de prejuicios, me dejé llevar por esa relación friqui, tan de película indie usamericana bien hecha, y la verdad es que no me defraudó, aunque no es menos cierto que algunos debilidades de guión las tiene, con todo, no son tantas como para anular el efecto positivo general que transmite la película, la "ópera prima" de su directora, no olvides eso.

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