sábado, 16 de septiembre de 2017

La individualidad en tiempos épicos: "El Yang-tsé en llamas", de Robert Wise



La singular lírica de la impotencia y la ingenuidad: El Yang-tsé en llamas, de Wise, o China en la encrucijada.

Título original: The Sand Pebbles
Año: 1966
Duración: 179 min.
País: Estados Unidos
Director: Robert Wise
Guion: Robert Anderson
Música: Jerry Goldsmith
Fotografía: Joseph MacDonald
Reparto: Steve McQueen,  Richard Attenborough,  Candice Bergen,  Richard Crenna, Marayat Andriane,  Simon Oakland,  Joseph Turkel,  Mako.


Robert Wise no necesita presentación, por supuesto, pero lo desconocía todo de esta película, una superproducción minimalista, admítanme el oxímoron, ambientada en la China de 1927 en la que se abre camino la revolución nacionalista de Chiang Kai-shek. La historia tiene diversos protagonistas, pero el hilo conductor será el  nuevo maquinista, una excelente interpretación de Steve McQueen,  que llega a China para incorporarse a la tripulación del San Pablo, un buque desvencijado de la armada usamericana que patrulla las aguas del Yang-tsé en labores de vigilancia y apoyo a los ciudadanos usamericanos que, como los misioneros que tendrán un papel destacado en la historia, estaban establecidos en China. Todo discurre bajo una calma tensa que no impide a los marineros tener su centro neurálgico de diversión en un lupanar en el que uno de ellos se enamora de una prostituta recién llegada a la que el dueño del local pone precio para poder “comprarla”, si bien el marinero acaba secuestrándola y casándose con ella, una historia de amor fou hermosa y bien desarrollada hasta su trágico desenlace. La creciente tensión política amenaza seriamente la integridad de los militares usamericanos y lo que empieza como una misión tranquila, porque en ningún caso el buque forma parte de ninguna armada invasora o represora, se va convirtiendo poco a poco en una aventura de auténtica supervivencia en la que, finalmente, sí, habrá un encuentro armado con los guerrilleros nacionalistas.  La película, rodada en escenarios naturales de Formosa, es de una gran belleza en sus planos panorámicos y en la recreación de los espacios urbanos chinos frente a los casi anodinos del interior del buque, aunque algunos episodios en el interior del buque están muy bien resueltos por el Director, con un juego de planos cortos y medios que, gracias al amplio formato de la proyección, salva la sensación de claustrofobia que, tan a menudo, depara la filmación en espacios tan estrechos y limitados, como los buques o los submarinos. El enfrentamiento entre el capitán del buque y el individualista y escéptico maquinista, que avisa a la misionera, perfectamente cándida Candice Bergen, que no se enamore de un marinero, forma parte de esas subtramas que forzosamente han de desarrollarse, dada la duración de la película. Con todo, el amor aparece y va a ser puesto a prueba de la peor manera, cuando el maquinista Jake Holman es enviado a rescatar a la misionera de la misión que en breve será atacada por los guerrilleros, con las sanguinarias consecuencias imaginables. En esa escena del rescate es cuando se produce un enfrentamiento ideológico muy, pero que muy actual, porque el misionero jefe se niega a cumplir las órdenes de evacuación del militar y redacta, ante las presiones de este, un documento en el que renuncia a la nacionalidad usamericana, a cualquier nacionalidad, declarándose expresamente ciudadano del mundo, y acusando al ejército, por su mera existencia, de ser el causante de tantas muerte y asesinatos de quienes, como los nacionalistas chinos, se rebela contra él, sea de donde sea. El tenso intercambio de concepciones sobre qué ha de ser una persona y la fe ciega del misionero en la bondad de las personas le lleva a creer que ese documento lo protegerá frente a los guerrilleros, quienes no dudan ni una centésima de segunda en acribillarle cuando este airea el documento como un salvoconducto. Rodeados por ellos, la patrulla enviada para salvar al misionero, al mando del capitán, ve sucesivamente dos conductas abnegadamente heroicas, la del capitán, que cae bajo las balas de los guerrilleros y, finalmente, la del díscolo maquinista que, tras abatir a casi todos los guerrilleros, mientras sus compañeros ponen a salvo a la misionera de quien se había enamorado, cae también bajo el fuego enemigo, en unas secuencias magníficas y desoladoramente trágicas, porque el enfrentamiento es entre el maquinista y las sombras de los guerrilleros que se encaraman a los tejados de la misión, desde donde pretenden cazarlo. El patio interior en sombras y silencio, la luz cenicienta de la escena, los planos que cambian en función de la amenaza que se mueve por los aires con el sigilo propio de los chinos y de la emboscada, todo ello hace de esta parte de la película una de las más logradas, sobre todo por lo que de contención hay en ella. Venimos, claro, de una acción típicamente militar, cuando el buque se desplaza por el río y se encuentra con un puente de pequeñas embarcaciones que le barran el paso. La acción para poder romper la barrera, al tiempo que se defienden de los asaltantes chinos, forma parte de la dimensión espectacular de una superproducción que, hasta ese momento,  no la ha justificado. De hecho, salvo McQueen, Attenborough, Crena y Candice Bergen, el resto del reparto es de segundos y terceros nombres, todos ellos profesionalísimos, por supuesto, pero, para superproducción, hay pocas estrellas rutilantes. Y eso, curiosamente, es lo que confiere a esta película de Wise una fronteriza personalidad entre el cine industrial y el llamado cine de autor, porque la peripecia dramática, que no suele involucrar muchos personajes ni muchos extras, se vive como una serie de enfrentamientos dramáticos, la mayoría, que sirven para perfilar las personalidades de los diferentes protagonistas, algo que es de agradecer en este tipo de películas. El enfrentamiento entre Holman y el resto de la tripulación se sustancia, por ejemplo, con un motín de la tripulación que exige al capitán que entregue a los chinos al marinero que, supuestamente, ha matado a una mujer china, la mujer del marinero Frenchy, a quien Holman tanto ayudó en todo momento, pues les unió una amistad incondicional. Se trata, como algunos habrán adivinado, de varias películas en una sola, cada una de ellas bien desarrollada y con una puesta en escena idónea para cada cual: la misión; el lupanar; el buque, etc. La película tuvo ocho nominaciones para los Oscar y, curiosamente, no consiguió ninguno. Lo contrario de lo que sucedió con West Side Story, con la que ganó 11 estatuillas. La película, sin embargo, aunque no llega a la altura de lo que parece prometer, sí que tiene momentos fantásticos de un cine excelente en muy diversos géneros: bélicos, romántico, psicológico… Y no está de más verla. Refrescar la Historia, por otro lado, tampoco está nada mal. La tensión que vive el capitán, pendiente siempre de no caer en la provocación que buscan los nacionalistas chinos para crear un conflicto diplomático con Usamérica, resulta muy de actualidad en nuestros tiempos marcados por el intento de secesión de una parte de España, Cataluña.

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