Entre Ford y Reed, una magnífica película sobre la independencia de Irlanda.
Título original: Shake Hands with the Devil
Año: 1959
Duración: 111 min.
País: Irlanda
Dirección: Michael Anderson
Guion: Marian Spitzer, Ivan Goff, Ben Roberts. Novela: Rearden Conner
Reparto: James Cagney; Don Murray; Dana Wynter; Glynis Johns; Michael
Redgrave; Sybil Thorndike;
Cyril Cusack; Marianne Benet; John Breslin; Harry Brogan; Richard Harris;
John Le Mesurier; Harry H. Corbett; Robert Brown; John Cairney; William
Hartnell-
Música: William Alwyn
Fotografía: Erwin Hillier (B&W).
Cualquiera que se haya interesado
por la historia de Irlanda sabrá que es lo mismo que meterse en un laberinto de
violencia, lealtades y aspiraciones entretejidas con todas las pasiones políticas
y humanas imaginables. Esta película nos sitúa, históricamente, en la época que
precede al acuerdo que firmó el héroe nacional Michael Collins con los ingleses
para reconocer la República de Irlanda, independiente de Reino Unido, pero
dentro del Imperio británico, con el reconocimiento de Irlanda del Norte como
un territorio plenamente británico.
La historia
comienza ya con las tensiones propias de aquella situación en la que las emboscadas,
los golpes de mano y la guerra de guerrillas son parte del paisaje cotidiano de
Dublín y de cualquier ciudad o pueblo irlandés. La historia sigue a un usamericano
que ha participado en la Primera Guerra Mundial y que ahora, para cumplir el
deseo de la madre, estudia medicina en Dublín. La clase en la que el profesor,
James Cagney, se burla de sus distracciones durante las explicaciones que da,
nos presenta a los personajes como los ejes del relato, porque no tardará en
complicarse la vida del joven al vivir, junto a un amigo, un atentado de un
luchador por la independencia contra una patrulla británica. En el intento de
ayudar al combatiente, el amigo del protagonista es herido y llevado a un piso
donde habitan colaboradores de la resistencia. Allí aparece el profesor del
protagonista, dispuesto a salvarle la vida al joven, algo que se revela
imposible.
Desde ese
momento, sabemos ya que el profesor de medicina es un importante guerrillero
por la libertad y, como sabremos mucho más tarde, protagonizó el acto heroico
de salvar la vida a su padre en medo de un furioso intercambio de disparos.
Después de haber participado en la carnicería que fue la IGM., el protagonista
descree de que la violencia consiga nada bueno, pero como desde el primer
momento de la acción, con el encubrimiento de una militante en el cementerio,
frente a los Blacks&Tans, los paramilitares que atacaron a los
revolucionarios irlandeses hasta que se firmó el acuerdo de la independencia,
momento en que se disolvieron, el usamericano va percibiendo la dura realidad de
los ataques indiscriminados de esa policía paramilitar cuya crueldad fue
notoria en aquella época. Como el joven usamericano perdió sus libros durante
el salvamento de su amigo, no tarda en convertirse en sospechoso de ayudar a
los revolucionarios.
Tras una
entrevista con el General que ordena desde la clandestinidad los movimientos de
las tropas, un papel perfectamente interpretado por Micharl Redgrave, el joven
es invitado a unirse a las tropas revolucionarias, pero él prefiere volver a
Usamérica.
Que sus deseos y la realidad no coinciden no tardará en
comprobarlo, cuando, escondido en un faro, no tarde en involucrarse y ser capturado
por los Blacks&Tans y sometido a terribles torturas de las que su profesor
en la universidad, pasado ya a la clandestinidad, tras ser identificado como
activista revolucionario, decide rescatarle con una calculada incursión en los
cuarteles de policía.
La película
mezcla la dimensión política, sobre todo por el enfrentamiento entre el general
y el médico, tras la firma del acuerdo para el reconocimiento de la independencia
de Irlanda del sur, con la que el médico no está en absoluto de acuerdo, por lo
que proseguirá la lucha revolucionaria hasta conseguir el objetivo inicial: la
independencia de toda Irlanda, no solo la del sur, y las acciones bélicas, de ahí
que la película tenga un ritmo extraordinario y secuencias muy conseguidas como
la de la vieja noble que lleva en su maletero a un líder de la oposición que ha
huido. Esas secuencias son extraordinarias, y acaban con la detención y
encarcelamiento de la vieja, quien inmediatamente se declara en huelga de
hambre, hasta el fatal desenlace. Ello conduce al audaz plan de secuestrar a la
hija de una poderosa familia angloirlandesa que ostenta el poder social en la
isla. Y de nuevo la acción bélica en su más puro dinamismo se encarga e
absorber el interés de los espectadores.
Para algunos crítico,
la parte del enamoramiento entre la prisionera, que no será liberada hasta que
no hagan lo propio con la vieja noble que han condenado a pena de cárcel, es la
más floja de la película, pero a mí no me lo parece porque esa llama amorosa
surge espontáneamente entre ambos jóvenes.
No me adentro
en los terrenos del desenlace, por supuesto, pero sí quiero dejar noticia del magnífico
plantel de actores y actrices que contribuyen a convertir esta película en una
joya que acaso lleve demasiado tiempo olvidada. El dúo usamericana que la
interpreta, James Cagney y Don Murray (inolvidable actor de Bus Stop, de
Joshua Logan) llama la atención por su aclimatación al acento irlandés, lo cual
me ha llevado a investigar y enterarme de que ambos son hijos de padres
irlandeses, lo cual ha facilitado seriamente su adaptación a la realidad
irlandesa. Junto a ellos. Hemos de destacar a otros dos actores descomunales: Cyril
Cusak y un joven Richard Harris, aún a
la espera de aquellos papeles estelares en El ingenuo salvaje, de Lindsay
Anderson y en Un hombre llamada Caballo, de Elliot Silverstein. He leído
en IMDB que estaba dispuesto a rechazar el papel, por ser muy breve, pero
cuando se enteró de que el protagonista sería James Cagney, se sumó al proyecto
para poder convivir profesionalmente esas semanas con un actor de tantísima
categoría.
Finalmente,
pero con un papel destacadísimo, hemos de reconocer la labor artística de Erwin
Hillier, un cinematografista nacido en Alemania, y cuyo dominio del blanco y
negro y la iluminación consigue, en no pocos momentos, una película cercana al
expresionismo y al mejor cine negro. De hecho, Hillier trabajó con Powell y
Pressburger, cuya sensibilidad para la puesta en escena y la calidad de la
fotografía están fuera de dudas.
En resumen,
una película que se sigue de punta a cabo con total interés. Una obra notabilísima
de un director, Michael Anderson, famoso por obras de gran producción, como La
vuelta al mundo en 80 días, pero que aquí adopta un discurso intimista y
política de mucha entidad.







