Con ecos del «caso Dreyfuss», y de ahí la canción Je t’accuse, que ilustra la serie, un drama contundente sobre la violencia contra la mujer y las causas justas que llevan a la injusticia «en defensa ajena».
Título original: L'affaire
Laura Stern
Año: 2026
País: Francia
Dirección: Akim Isker
Guion: Marie Kremer, Frédéric Krivine
Reparto: Valérie Bonneton; Pauline Parigot; Rym Foglia; Catherine Amé; Pascal
Rénéric; Samir Guesmi; Hélène Lambert: Yannick Renier; Eva Huault; Talia Joly: Darren
Muselet; Souad Alla; Marjorie Lapp;
Côme Creyx Collet; Maëlle Foucaut; Melissa Olexa; Leila Guérémy; Léontine
d'Oncieu; Marie-Sophie Ferdane; Margaux Langlest; Yves Leberquier; Joël Villy; Charlie
Nelson; Reyhan Hessami; Sarah Lepicard; Gaspard Caens; Daniel Zagury; Nadir
Legrand; Redouane Aadnane; Kamel Isker; Françoise Robin; Azize ; Kabouche; Lucienne
Delille; Claire Cahen; Karol Olejnik; Julien Wolff Manesse; Arthur Rosas; Hubert
Girard; Nathalie Tuleff; Raphaël Brottier; Mathieu Brassier.
Música: Éric Neveux
Fotografía: Julien Bullat.
Una serie de
cuatro episodios, muy centrada en el tema que trata. y con unas excelentes
interpretaciones al servicio de una narración que permite pocos respiros y que
retrata con habilidad los principales personajes de la trama.
Laura Sern es una farmacéutica que ha
creado una asociación en defensa de las mujeres maltratadas. Su farmacia es el centro
de reunión y de acción, porque, siguiendo los modelos sociales progresistas, crea
una red de asistencia y apoyo que genera un fuerte sentido de pertenencia entre
sus miembros. Está casada y tiene dos hijos, y la serie muestra también el
progresivo alejamiento de sus responsabilidades, libremente contraídas, para
con su esposo y sus hijos.
El terrible
arranque de la serie, el caso de una mujer que sufre el acoso de un marido al
que la Justicia ha dictado una orden de alejamiento, ya nos pone sobre aviso de
la durísima realidad que vamos a ver en la serie. Como ha de ir a recoger a su
hijo a la escuela, las mujeres que están compartiendo con ella el drama de la
amenaza que supone la presencia del agresor en la calle, frente a la farmacia,
deciden acompañarla en grupo a la escuela, actuando como una coraza que aísle a
la protagonista de su agresor. Este, sin embargo, forcejea hasta que logra
apartarla de las otras mujeres y le pide/exige una reconciliación que ella no está
dispuesta a conceder. Acto seguido, el hombre saca una pistola y la asesina
ante los ojos incrédulos y desesperados de sus acompañantes.
De ese mazazo cuesta recuperarse, porque
son, no lo olvidemos, los primeros compases de la serie. Y todo ha transcurrido
dentro de lo que podríamos denominar como un intento de cinema verité e
incluso de neoneorrealismo. A ello contribuye el hecho de que la serie
no cuenta con actrices y actores de primerísimo nivel, que hubieran distraído a
los espectadores sobre sus actuaciones, lo que permite ver los hechos y a sus
protagonistas con un plus de verosimilitud que concede a la serie un rigor
magnifico y permite generar una atmósfera hiperconvincente.
Al primer
asesinato, le sucederán las llegadas de dos nuevos casos desesperados con los
que la farmacéutica tendrá que lidiar, implicándose cada vez más en el
sufrimiento de las mujeres y en la exploración de las vías para evitárselo. Un
tercer caso, el de una de las empleadas de la farmacia, se suma a los que
vertebran el eje dramático de la historia. La serie no ahorra ningún detalle
escabroso de las relaciones de maltrato que sufren las mujeres que acuden a la
farmacéutica, cuya capacidad de acogimiento parece infinita, si bien es así por
el progresivo distanciamiento de su propio hogar, dado que no parece tener más
vida que la de su asociación y el alivio de la situación de las mujeres
maltratadas que acuden a ella. Todo ello va desarrollando en el ánimo de la
mujer, sobre todo porque desde el primer capítulo se advierte que la policía no
manifiesta gran interés en personarse para reducir a quien está quebrantando
una orden de alejamiento, un intenso afán justiciero y vengativo que pretende
poner un remedio «radical» a tan dolorosas situaciones como las de esas mujeres
maltratadas, de diferente clase social y económica: una, profesora
universitaria, la otra, limpiadora en la farmacia; una, francesa tradicional,
la otra, de origen inmigrante.
Tras el primer
asesinato, un policía interroga a la farmacéutica sobre el desarrollo de los acontecimientos
relativos al primer asesinato, pero esta, emocionada, se bloquea y no puede ni
hablar. Más tarde, por error, en medio de la tensión que supone el accidente
provocado en el que muere el segundo maltratador, un narcotraficante, marca el
número del inspector y ha de improvisar que ya está en condiciones de declarar.
A partir de su encuentro, Laura y el policía establecen una relación de cordialidad
y afecto que lleva a la protagonista, quien se cree incomprendida en su propia
casa, a pesar de que su marido asume toda l responsabilidad de la casa y del
cuidado de los niños, de cuyo día a día se distancia ella totalmente, a tener
una aventura con el policía, encuentros furtivos en un hotel que suponen, para
ella, el contrapeso necesario para sobrellevar la tensión que va en aumento en
su asociación, y con mayor razón tras cometer los dos asesinatos que liberan a
las dos mujeres que estaban, ellas
mismas, en riesgo de perder su propia vida.
El peso moral
de la culpa por la transgresión es lo que la lleva, tras romper con su amante,
a declararse culpable ante la policía de ambos asesinatos. No así, de un tercero,
en el que intervino directamente, pero sin que esa intervención fuera
determinante en la muerte del agresor, dado que esta fue accidental. A partir
de aquí comienza, propiamente, lo que podríamos considerar «El caso Stern», que
se nos presenta como una cause
célèbre, porque, tras rechazar al primer abogado, pagado por el esposo,
quien solo le da como opción declararse loca para atenuar la sentencia, se hace
cargo de su defensa una abogada feminista, combativa y famosa, debido a sus
apariciones en la televisión, lo que convierte el juicio en un caso «mediático»,
y, por aquí, llegamos enseguida a la vertiente «política» del asunto. No hay
duda de que en el guion se les ha ido algo la mano con el personaje del fiscal
y su línea inculpatoria, del mismo modo que la defensa de la abogada mediática
es brillante sin otra apelación que a los datos de feminicidios y maltratos
sufridos por las mujeres en Francia, para sorpresa del jurado y de los
presentes. Todo ello lo verán los espectadores y sacarán sus propias
conclusiones al respecto. A mí me interesa destacar lo mismo que avancé en el
título: la defensa de lo que podría entenderse como «homicidio en defensa ajena»,
algo que, me hago cargo, parece una triquiñuela retórica para disfrazar y
servir de atenuante al homicidio puro y duro. De todo ello se habla en ese
juicio que, reservado al último capítulo no convierte la serie en una serie «de
juicios», un género cinematográfico de larga tradición, porque el seguimiento
circunstanciado de los tres casos permite un conocimiento de los malos tratos
que bien podríamos calificar de exhaustivo, lo cual es evidente que predispone
a los espectadores a favor de la homicida, pero, más allá del caso, es
importante destacar la terrible soledad de la mujer frente a los malos tratos
de algunos hombres y la dificultad con que ellas suelen abordar relaciones tan
devastadoras con sus parejas. Y no hablo a humo de pajas. Soy hijo de
maltratador y conozco las reacciones inverosímiles de mi madre frente al cafre
de su marido. Por eso, las leyes de carácter ideológico no son, ni de lejos, un
arma para acabar con esa lacra. A ese respeto, la insensibilidad policial, la
falta de recursos, la ausencia de vigilancia, de protección a las víctimas y
otras carencias del sistema, que impiden poner una distancia efectiva y real
con el maltrato, permiten que esos comportamientos salvajes sigan dándose con
casi absoluta impunidad.
Se trata, como
se advierte, de una serie polémica, porque, a pesar de las buenas intenciones
de la ideologización de esa lacra, los resultados nos indican que la sociedad
no hace lo que debiera para frenarla. Concienciar a las mujeres para que no
entren en una relación tóxica o para que salgan de ella, si ya han entrado, no
puede caer bajo su exclusiva responsabilidad; y asociaciones como la de la
protagonista son parches bien intencionados que no evitan el mal, y que, como
en la serie se denuncia, puede llevar a una acción justiciera completamente al
margen de la ley.
La controversia
está servida.
Lo que no
podemos dejar de enaltecer es el soberbio papel no solo de la protagonista, Valérie
Bonneton, sino de un elenco que está a su altura en todo momento, especialmente
de Pauline Parigot, cuyo caso matrimonial de malos tratos se analiza con todo
lujo de detalles para comprender cabalmente los distintos modos que adoptan
tales agresiones, entre las que de carácter psicológico destacan con una
virulencia equivalente a la muy llamativa de las secuelas físicas derivadas de
las agresiones físicas.








