Una sátira política muy ambigua sobre la religión y el capital.
Título original: Kagefabrikken
Año: 2022
Duración: 107 min.
País; Dinamarca
Dirección: Christian Lollike
Guion: Sigrid Johannesen,
Christian Lollike
Reparto: Nicolas Bro; Tina
Gylling Mortensen; Bahar Pars; Emma Sehested Høeg; Mo Chara; Lotte Andersen;
Ena Spottag; Ayhan Erhan Ustun.
Música: Jonas Struck
Fotografía: Manuel Alberto
Claro.
Una
comedia danesa de humor negro no es algo insólito en nuestras pantallas, y esta
alegoría de Christian Lollike reúne tantas dosis de ambigüedad que, la verdad,
no sabe uno a qué carta quedarse: si a la de la multiculturalidad
imprescindible para revitalizar las viejas sociedades democráticas europeas o a
la de la crítica feroz a las políticas de «recambio poblacional», auspiciadas
por sectores proislamistas de la extrema izquierda de esos mismos países
europeos. El libro de referencia sería Sumisión, de Houellebecq.
La
historia, simple como cualquier alegoría, fue primero una obra de teatro,
género literario más frecuentad por Lollike que el cine. A diez años de
distancia de su estreno en el teatro, la adaptación, al decir de su creador, ha
buscado una mayor densidad biográfica en los personajes, de ahí que no estemos
simplemente ante un conflicto religioso y económico, que evoluciona hacia la
simbiosis de ambas realidades, sino ante crisis existenciales que afectan tanto
al protagonista, el dueño de la fábrica, como a los miembros de su familia.
El
arranque no puede ser más pesimista: un empresario cuya empresa está a punto de
quebrar, obeso, en perpetua atonía y aparente estado depresivo, está dispuesto
a suicidarse, lo cual intenta, sin gran éxito, porque, por su propio peso, se
rompe la tubería de la que había colgado la cuerda con la que se ahorcaba. La
nueva limpiadora, Zeinab, lo salva, aflojándole el nudo. A partir de ese
momento, la hija y el yerno dan un paso al frente para dirigir la fábrica de
galletas y lanzar un nuevo producto, la galleta «saludable», que logre sacar a
la empresa del cierre. Las escenas cómicas de la plantilla sometiéndose a una
dieta de adelgazamiento, de la que parece exento el patrono, tan obeso como sus
trabajadores, son realmente graciosas, pero el producto final, la panacea de la
galletería: la galleta «saludable» es literalmente intragable y hasta
los mismos patrocinadores, la hija y el yerno, reconocen que le falta «algo de
dulce».
La
degradación de la vida del patrono comienza a cambiar desde que se acerca a la
empleada que contribuyó a salvarlo. En su compañía descubrirá una nueva vida,
presidida, fundamentalmente, por el amor que nace entre ellos. La no amante,
porque la religión islámica concibe como haram (pecado) el hecho de
romper el matrimonio de otro, no se abstiene, sin embargo de ir seduciendo poco
a poco a un ser sin defensas emocionales ni serias aspiraciones profesionales
que se deja atrapar en la dulce red de una complicidad con la empleada cuyo fin
último no es otro que el de convertirlo al islam para que, desde la nueva fe,
acepte la poligamia y puedan convivir los tres: Niels, su esposa Else y la
nueva esposa, Zeinab.
La
hija y el yerno contemplan horrorizados el proceso de conversión del padre y
suegro, y se alejan de él, a pesar de haber sido invitados a la boda. La gota
que colma el vaso de su paciencia y de su disgusto es que la madre acepte la
nueva situación y no reaccione airadamente, sino que apoye a su marido y, sobre
todo, la nueva dirección de la producción galletera, porque, por esos azares de
la vida, el nuevo producto que impulsa la fábrica es un dulce árabe que, por
instigación de la nueva esposa, se publicita en Oriente Medio, por lo que
consiguen unas ventas que pueden, ¡al fin!, sanear las cuentas de la empresa.
El cambio de orientación no solo afecta a lo que se produce, sino a la
estrategia de integración de los inmigrantes de origen musulmán, que son
contratados gracias a las ayudas estatales que impulsan dicha integración. La
situación, por consiguiente, se asemejará mucho a la de una callada «invasión
sutil», descrita por Pere Calders en su magnifico cuento con ese título.
Por
el camino quedan las deserciones de rigor por parte de empleados que o bien son
despedidos, por irrespetuosos con las creencias ajenas, o bien se despiden por
no poder soportar la islamización de su entorno laboral. Algunas escenas, como
la de la empleada desnuda que se embadurna de todas las cremas con que se
preparan las galletas son, realmente, impactantes, dado el volumen corporal de
la actriz. Con todo, hay un paralelismo cómico inmediato que amortigua la
escena anterior: Else, la primera mujer, espera a su esposo en la cama, tan
embadurnada como la empleada para despertar el apetito sexual y gastronómico de
su esposo, con quien, tras más de un año de abstinencia, disfruta de una relación
que aún no ha tenido con su nueva esposa.
Vale
decir que la ambigüedad de la película se mantiene hasta el final, porque la
entrevista de Al Jazeera a la esposa de Niels constituye el punto de no retorno
de su proyección empresarial hacia los países islámicos, lo cual, gracias a la
receta del dulce aportado por Zeinab, permite estabilizar e incluso ampliar la
perspectiva empresarial de la firma. No quiero extenderme más sobre el
argumento, porque hay un giro que el espectador ha de verlo por sí mismo y sacar las consecuencias de rigor.
La
película oscila constantemente entre el humor y el temor de no saber cuál es la
tesis que defiende el director, porque el proceso de conversión del propietario
no tiene pinta de ser algo anecdótico, desde luego. A ello contribuyen unas
interpretaciones magníficas, sobre todo del protagonista, quien anda siempre a
caballo entre estar alelado y sentir la necesidad de renacer, de volver a la
vida y sentirla en toda su intensidad. Las secuencias de la caza del ciervo,
porque Zeinab es una experta cazadora —y ello ha de leerse en términos
simbólicos—, son muy significativas respecto de lo que ese renacimiento
significa.
No
es una película ambiciosa, pero sí lo suficientemente compleja como para que
nos desconcierte y nos invite a la reflexión. Y que cada cual saque sus propias
conclusiones.

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