martes, 20 de octubre de 2026

«La dinastía del pastel», de Christian Lollike o el capitalismo ecuménico...

 

Una sátira política muy ambigua sobre la religión y el capital.

 

Título original: Kagefabrikken

Año: 2022

Duración: 107 min.

País;  Dinamarca

Dirección: Christian Lollike

Guion: Sigrid Johannesen, Christian Lollike

Reparto: Nicolas Bro; Tina Gylling Mortensen; Bahar Pars; Emma Sehested Høeg; Mo Chara; Lotte Andersen; Ena Spottag; Ayhan Erhan Ustun.

Música: Jonas Struck

Fotografía: Manuel Alberto Claro.

 

          Una comedia danesa de humor negro no es algo insólito en nuestras pantallas, y esta alegoría de Christian Lollike reúne tantas dosis de ambigüedad que, la verdad, no sabe uno a qué carta quedarse: si a la de la multiculturalidad imprescindible para revitalizar las viejas sociedades democráticas europeas o a la de la crítica feroz a las políticas de «recambio poblacional», auspiciadas por sectores proislamistas de la extrema izquierda de esos mismos países europeos. El libro de referencia sería Sumisión, de Houellebecq.

          La historia, simple como cualquier alegoría, fue primero una obra de teatro, género literario más frecuentad por Lollike que el cine. A diez años de distancia de su estreno en el teatro, la adaptación, al decir de su creador, ha buscado una mayor densidad biográfica en los personajes, de ahí que no estemos simplemente ante un conflicto religioso y económico, que evoluciona hacia la simbiosis de ambas realidades, sino ante crisis existenciales que afectan tanto al protagonista, el dueño de la fábrica, como a los miembros de su familia.

          El arranque no puede ser más pesimista: un empresario cuya empresa está a punto de quebrar, obeso, en perpetua atonía y aparente estado depresivo, está dispuesto a suicidarse, lo cual intenta, sin gran éxito, porque, por su propio peso, se rompe la tubería de la que había colgado la cuerda con la que se ahorcaba. La nueva limpiadora, Zeinab, lo salva, aflojándole el nudo. A partir de ese momento, la hija y el yerno dan un paso al frente para dirigir la fábrica de galletas y lanzar un nuevo producto, la galleta «saludable», que logre sacar a la empresa del cierre. Las escenas cómicas de la plantilla sometiéndose a una dieta de adelgazamiento, de la que parece exento el patrono, tan obeso como sus trabajadores, son realmente graciosas, pero el producto final, la panacea de la galletería: la galleta «saludable» es literalmente intragable y hasta los mismos patrocinadores, la hija y el yerno, reconocen que le falta «algo de dulce».

          La degradación de la vida del patrono comienza a cambiar desde que se acerca a la empleada que contribuyó a salvarlo. En su compañía descubrirá una nueva vida, presidida, fundamentalmente, por el amor que nace entre ellos. La no amante, porque la religión islámica concibe como haram (pecado) el hecho de romper el matrimonio de otro, no se abstiene, sin embargo de ir seduciendo poco a poco a un ser sin defensas emocionales ni serias aspiraciones profesionales que se deja atrapar en la dulce red de una complicidad con la empleada cuyo fin último no es otro que el de convertirlo al islam para que, desde la nueva fe, acepte la poligamia y puedan convivir los tres: Niels, su esposa Else y la nueva esposa, Zeinab.

          La hija y el yerno contemplan horrorizados el proceso de conversión del padre y suegro, y se alejan de él, a pesar de haber sido invitados a la boda. La gota que colma el vaso de su paciencia y de su disgusto es que la madre acepte la nueva situación y no reaccione airadamente, sino que apoye a su marido y, sobre todo, la nueva dirección de la producción galletera, porque, por esos azares de la vida, el nuevo producto que impulsa la fábrica es un dulce árabe que, por instigación de la nueva esposa, se publicita en Oriente Medio, por lo que consiguen unas ventas que pueden, ¡al fin!, sanear las cuentas de la empresa. El cambio de orientación no solo afecta a lo que se produce, sino a la estrategia de integración de los inmigrantes de origen musulmán, que son contratados gracias a las ayudas estatales que impulsan dicha integración. La situación, por consiguiente, se asemejará mucho a la de una callada «invasión sutil», descrita por Pere Calders en su magnifico cuento con ese título.

          Por el camino quedan las deserciones de rigor por parte de empleados que o bien son despedidos, por irrespetuosos con las creencias ajenas, o bien se despiden por no poder soportar la islamización de su entorno laboral. Algunas escenas, como la de la empleada desnuda que se embadurna de todas las cremas con que se preparan las galletas son, realmente, impactantes, dado el volumen corporal de la actriz. Con todo, hay un paralelismo cómico inmediato que amortigua la escena anterior: Else, la primera mujer, espera a su esposo en la cama, tan embadurnada como la empleada para despertar el apetito sexual y gastronómico de su esposo, con quien, tras más de un año de abstinencia, disfruta de una relación que aún no ha tenido con su nueva esposa.

          Vale decir que la ambigüedad de la película se mantiene hasta el final, porque la entrevista de Al Jazeera a la esposa de Niels constituye el punto de no retorno de su proyección empresarial hacia los países islámicos, lo cual, gracias a la receta del dulce aportado por Zeinab, permite estabilizar e incluso ampliar la perspectiva empresarial de la firma. No quiero extenderme más sobre el argumento, porque hay un giro que el espectador ha de verlo por sí  mismo y sacar las consecuencias de rigor.

          La película oscila constantemente entre el humor y el temor de no saber cuál es la tesis que defiende el director, porque el proceso de conversión del propietario no tiene pinta de ser algo anecdótico, desde luego. A ello contribuyen unas interpretaciones magníficas, sobre todo del protagonista, quien anda siempre a caballo entre estar alelado y sentir la necesidad de renacer, de volver a la vida y sentirla en toda su intensidad. Las secuencias de la caza del ciervo, porque Zeinab es una experta cazadora —y ello ha de leerse en términos simbólicos—, son muy significativas respecto de lo que ese renacimiento significa.

          No es una película ambiciosa, pero sí lo suficientemente compleja como para que nos desconcierte y nos invite a la reflexión. Y que cada cual saque sus propias conclusiones.

         

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