Una ambiciosa crónica de la Italia de posguerra hasta los años 70.
Título original: C'eravamo
tanto amati
Año: 1974
Duración: 124 min.
País: Italia
Dirección: Ettore Scola
Guion: Agenore Incrocci,
Furio Scarpelli, Ettore Scola
Reparto: Nino Manfredi; Vittorio
Gassman; Stefania Sandrelli; Stefano Satta Flores; Giovanna Ralli; Aldo Fabrizi;
Mike Bongiorno; Federico Fellini; Marcello Mastroianni; Vittorio De Sica; Nello
Meniconi; Guidarino Guidi; Isa Barzizza.
Música: Armando Trovajoli
Fotografía: Claudio Cirillo.
Ettore Scola
tiene una película La familia que me impactó de tal manera que no he
querido volver a verla, tal fue la emoción devastadora que me produjo. En
cierto sentido Una mujer y tres hombres viene a ser un «ensayo» hecho trece
años antes, y ese tiempo se nota en la afinación con que Scola trata el paso
del Tiempo sobre los seres humanos. La historia de tres personajes que, de una
u otra manera se relacionan con una misma mujer, interpretada por Stefania
Sandrelli, y que fueron compañeros partisanos durante la invasión nazi de
Italia, constituye una crónica de la propia sociedad italiana. La película se
inicia, propiamente, donde acaba, y el salto del trampolín de uno de los
personajes, el interpretado por Vittorio Gassman, queda interrumpido para
evocar en un larguísimo flashback la historia de los destinos de los cuatro
personajes. Un camillero enamorado, Antonio (Nino Manfredi), se enamora de una
joven, Luciana (Stefania Sandrelli), pero cuando conoce al amigo de Antonio,
Gianni (Vittorio Gassman), se enamora inmediatamente de él, y acaba dejando a
Antonio. Por su parte, Nicola Palumbo (Stefano Satta Flores), es un profesor
que, enfrentado a sus superiores por unas opiniones sobre El ladrón de
bicicletas, de Vittorio de Sica, es expulsado y, sin trabajo, decide irse a
Roma para buscarse la vida como crítico cinematográfico. Los cuatro frecuentan
un figón de comidas baratas, con un ambiente de pobreza que recuerda mucho las
películas españolas de los años cincuenta. En ese mismo figón, treinta años
después, volverán a encontrarse, tras haber vivido vidas no solo muy distintas,
sino que los han distanciado, al menos de Gianni, porque los otros tres siguen
manteniendo, en su noble pobreza, una perdurable amistad.
El guion es
una obra de orfebrería, ciertamente, algo que desde siempre ha caracterizado el
cine italiano, en el que no es infrecuente que intervengan hasta cinco o siete
guionistas, algunos de ellos, también directores. Contar las vidas de los
cuatro personajes, y mezclar los destinos de los cuatro en determinados
momentos de sus vidas requiere una planificación que la película cumple
escrupulosamente, si bien los tramos de vida de cada uno de ellos no siempre
tienen el mismo interés. Se trata de un a historia de amores cruzados en la que
destaca, por su crudeza la desolada historia de Gianni y Luciana, porque, de la
noche a la mañana, el trepa encarnado por el abogado Gianni ve la oportunidad
de «ascender» socialmente a través de un braguetazo épico con la hija de un
promotor inmobiliario de quien se convierte en su mano derecha. Ese promotor,
que parece salido de una película del Fellini, es uno de los grandes actores
italianos de siempre: Aldo Fabrizi, cuyo desarrollo corporal es paralelo al de
Gerard Depardieu, de tal manera que acaba convirtiéndose en un polo de
atracción para el espectador, que no da crédito a semejante humanidad. La hija
es absolutamente estúpida e ignorante, un papel en el que destaca Giovanna
Ralli, quien ganó con sus interpretación un Nastro d’argento, otorgado por el
Sindicato de periodistas de cine, y ello
porque la evolución del personaje es tan sorprendente como curiosa: el marido,
culto como su amigo cinéfilo, la va guiando hacia lecturas con gran densidad
intelectual, de tal manera que, andando el tiempo., sus intereses intelectuales
están muy por encima de los intereses puramente mercantiles de su esposo, con
quien no se entiende.
Desde el
comienzo de la primera historia, cuando el camillero y la aspirante a actriz se
encuentran, aparecen recursos imaginativos que se sucederán a lo largo de la
película. Uno de ellos es la detención del tiempo para que los personajes
puedan expresarse con total libertad, emancipados de las circunstancias
concretas en las que están inmersos en ese momento, que son siempre un
condicionante mayúsculo y, a veces, insuperable. Así, es deliciosa la conversación
que tienen Antonio y Luciana después de que él asista a su primera
representación teatral y, al salir del teatro, en la calle, los cuerpos de
ambos se detienen en foto fija en una pose antinatural mientras hablan con
absoluta libertad para expresar sus sentimientos. Vuelve a ocurrir en el
restaurante barato, un figón especialmente entrañable, sobre todo para quienes
hemos frecuentado algunos de ese tipo en la juventud, por supuesto, y Luciana y
Gianni se fotofijan para descubrir el poderoso vínculo de atracción
mutua que los une.
Para los
cinéfilos, sin embargo, los momentos más emotivos de la película son aquellos
en que la acción de la historia coincide con el rodaje en la Fontana di Trevi
de la mítica escena de Anita Eckberg y su sensual reclamo: «¡Marcello, come
here...!», con la aparición estelar del propio Fellini y de Marcello
Mastroianni, con el gag estupendo del admirador de Fellini que lo saluda así: «He
visto todas sus películas, señor Rossellini...». La participación del crítico
de cine, Palumbo, en un concurso , ¡con la impagable presencia del presentador
de TV Mike Bongiorno, interpretándose a sí mismo, el famosísimo, en Italia, Re
del Quiz, y, para un espectador de nuestros días, un auténtico personaje salido
de La gran belleza, de Sorrentino. La de Nicola Palumbo, el crítico de
cine que está a punto de ganar una modesta fortuna, hasta que se empeña, testarudo
él, en que la verdad es solo la que él dice que es la verdad, ignorando la
literalidad de la pregunta, aunque el propio De Sica, en una intervención
televisiva acaba dándole, ya a destiempo, la razón. Llega, esa reparación, de
forma tan privada que el desdichado personaje ha perdido totalmente a su
familia y a su hijo, en aras de una hipermodestísima carrera de crítico
cinematográfico, aunque su lealtad a Antonio y a Luciana, con quien Nicola
también tuvo una fugaz aventura, tras ser abandonada por Gianni, forma parte de
su vida cotidiana, a la que los tres viven absolutamente resignados, sabedores
de que la Historia, como se dice vulgarmente, «les ha pasado por encima». Lo
que ignoran, claro es que el supuesto triunfador, el abogado Gianni es, acaso,
el mayor perdedor de los cuatro. La diatriba del director contra la ambición de
riqueza y contra ciertas falsas ilusiones nos acaban dando una película tan
triste que me parece, ya lo dije, el preludio de esa gran obra devastadora, e
imprescindible, que es La familia.

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