miércoles, 1 de julio de 2026

«El manuscrito de Dante», de Julian Schnabel, demasiado brownizado...

 

La estética no suple, a pesar de su magnificencia, las carencias elementales del relato.

 

Título original: In the Hand of Dante

Año: 2025

Duración: 150 min.

País:  Estados Unidos

Dirección: Julian Schnabel

Guion: Julian Schnabel, Louise Kugelberg. Novela: Nick Tosches

Reparto: Oscar Isaac; Gal Gadot; Gerard Butler; John Malkovich; Louis Cancelmi; Sabrina Impacciatore;

Franco Nero; Benjamin Clémentine; Paolo Bonacelli; Martin Scorsese; Al Pacino; Jason Momoa; Lorenzo Zurzolo; Claudio Santamaria; Fortunato Cerlino; Guido Caprino; Duke Nicholson; Lolita Chammah; David Agranov; Dora Romano; Howard Thomas Ray; Ford Leland.

Música; Benjamin Clémentine

Fotografía: Roman Vasyanov.

 

          Solo cuando provienen de determinadas personas suelo seguir las recomendaciones para ver esta o aquella película. Mi buen amigo Josep es un profundo admirador de películas en las que la puesta en escena suelen valerlo todo, por encima de la historia, el desarrollo del guion e incluso de las interpretaciones. Y este es uno de esos casos, pero, en esta ocasión, se ha dado cuenta de los endebles giros de guion que han desplazado la historia de lo verosímil a los terrenos, siempre fértiles, de la fantasía, pero, en esta película, hasta podemos hablar del delirio.

          La historia de manuscritos perdidos y hallados es tan larga como la creación de la Biblia y, aunque la Ilíada y la Odisea se transmitieron oralmente, los papiros de Oxirrinco nos demuestran que ya en el siglo III a. C. se transmitían por escrito. Que de Dante no se conserva ningún manuscrito ológrafo lo emparenta con Shakespeare, del que tampoco hay obra suya manuscrita que haya sobrevivido. Homero, Dante y Shakespeare, tres ingenios ágrafos, permítaseme decir. Ello induce a fantasear acerca de la posibilidad de hallar algún original manuscrito. Y hace poco crítique en este Ojo una película inglesa que lo hacía sobre la tesis e que Shakespeare no fue el verdadero autor de sus obras: Anonymous, de Roland Emmerich, una película muy entretenida y mejor ambientada. Ahora, Julian Schnabel, de quien vi no hace mucho su At Eternity's Gate («Van Gogh a las puertas de la eternidad»), una crítica que se me quedó en el tintero...; ahora, digo, se atreve con una trama de marcado carácter superventas, muy al estilo de los libros del famoso Dan Brown, El código Da Vinci y otros similares.

Lo digo porque también en esta visión en dos tiempos paralelos de la vida y obra de Dante, hay una intriga que se sobrepone a cualesquiera otros asuntos de interés, como la penetración psicológica en los caracteres de los personajes, algo que se sustituye por la excentricidad y una caracterización, de vestuario y maquillaje, que llama mucho la atención de los espectadores, dado que, bajo ellos, aparecen actores tan diversos como Franco Nero, Al Pacino, John Malkovich o Martin Scorsese, bazas fílmicas sorprendentes, pero de interés narrativo muy dispar.

La película se inicia con la presentación de un autor maldito Nick Tosches, al que le ofrecen, como traductor que ha sido de la Divina Comedia, la posibilidad de un negocio que tiene que ver con ese autor. De forma contrapuntística se nos narrará, también, la vida de Dante, tras conocer de visu a Beatriz, y su exilio itinerante hasta que se asentó en Rávena, donde culminó la escritura de la obra con su Paraíso. El primer cameo importante de la película es la aparición de Al Pacino como el tío del niño Nick, quien se presenta ante él para confesar que acaba de degollar a un niño que le había provocado. El tono del discurso del tío no solo configurará la mentalidad del sobrino, sino que sirve de precedente para entender parte del desarrollo. Bien puede decirse que la continuación de esa increíble escena dialógica es la presentación de un sicario, Louie,  interpretado maravillosamente por  Gerard Butler, a pesar de lo repulsivas que llegan a ser sus apariciones, lo que demuestra el altísimo nivel de su interpretación. Los diálogos en el avión entre él y Nick son todo un acierto.

Por esos caminos ignotos que solo Dios conoce, llega a manos de un traficante de obras de arte el chivatazo sobre el poseedor del único manuscrito de la Divina Comedia que existe. Se trata, primero, de presentarse en la mansión de marras, italiana, y apropiarse, mediante el asesinato, del codiciado códice. Y ahí tenemos al escritor maldito y al sicario compartiendo aventura. Un sicario que, en la trama paralela sobre la vida de Dante será el Papa Bonifacio VIII, quien lo destierra. Revélase esto porque no tardaran los espectadores en darse cuenta de que hay una curiosa relación entre los personajes de ambas tramas, de modo que el doble papel de Oscar Isaac,  Nick/Dante, confirma otros de carácter semejante para establecer un paralelismo entre las dos historias, que se unirán, no me atrevo a decir que «felizmente» al final de la historia.

Hasta ese final, la trama deriva hacia un proceso de autenticación del manuscrito que no nos exime de cada detalle que permite verificar la antigüedad, el tipo de tinta, los trazos conforme a la firma original de Dante y otros pormenores que interesarán mucho a los bibliófilos, editores, impresores y científicos, puesto que hasta aparece un sincrotrón para garantizar dicha autenticidad. Ota cosa es que tal entretenimiento tenga un valor sustantivo en la trama, algo que no es así, dado que no pasa de la anécdota.

La historia sigue apegada a un proceso de codicia que se suma a la ambición de poseer algo absolutamente único en el mundo, imposible de ser sometido a tasación económica. Y aquí es donde la historia comienza a desvariar profundamente, esto es, con una consistencia que empequeñece los esfuerzos, muy notables, de la puesta en escena y de la realización. Para la historia contemporánea se usa el blanco y negro, con una estilización idéntica a la de la famosa serie Ripley, de Robert Elswit, que ha creado escuela, aunque hablamos de un cinematografista en cuyo haber hay títulos recientes de una categoría indiscutible: Velvet Buzzsaw y Nightcrawler , de Dan Gilroy, Suburbicon, De George Clooney, Puro vicio y Pozos de ambición, de Paul Thomas Anderson, entre otras. Por este lado, pues, el gozo de cinéfilo está asegurado, sobre todo porque las efectistas escenas violentas están perfectamente realizadas. Aunque la ambientación y el vestuario de la parte antigua, en color, pierde bastante frente al impecable blanco y negro tamizado de la parte moderna, el conjunto permite un visionado que, si no se es exigente en grado sumo, puede permitir seguir el metraje, aunque algunos personajes, como la «Beatriz» desesperada/embaucada resultan excesivamente histriónicos y sainetescos como para aceptar semejante listón de exigencia, pero para una noche de verano al amor del aire acondicionado, vamos a decir que no nos molesta... demasiado.