lunes, 7 de octubre de 2019

«Lou Andreas-Salomé», de Cordula Kablitz-Post, un retrato necesario.


Una protofeminista militante que defendió su independencia moral y social y su libertad de pensamiento frente a la sumisión a la figura dominante, entonces, del hombre todopoderoso.

Título original: Lou Andreas-Salomé
Año: 2016
Duración: 113 min.
País: Alemania
Dirección: Cordula Kablitz-Post
Guion: Cordula Kablitz-Post, Susanne Hertel
Música: Judit Varga
Fotografía: Matthias Schellenberg
Reparto: Nicole Heesters, Katharina Lorenz, Liv Lisa Fries, Helena Pieske, Matthias Lier, Katharina Schüttler, Julius Feldmeier, Peter Simonischek.

         Vaya por delante que estamos en presencia de una película «militante», esto es, partidaria acrítica de la figura que se retrata en ella, una intelectual firme y contundente como lo fue Lou Andreas-Salomé; pero acto seguido he de decir que ese retrato se pretende objetivo, lo más objetivo posible, claro está, dada la «adhesión» desde la que se plantea la historia de su vida. La  realización de la directora, sin embargo, va más allá del mero biografismo tradicional, contar los sucesos trascendentales de la vida de la biografiada, para adentrarse en un sutil ejercicio de penetración psicológica que, a través de las imágenes, no de los discursos, va desgranando la visión de una Lou Andreas-Salome que va descubriéndose a sí misma a través no solo del contacto con los demás, sobre todo con los hombres, sino también del contacto con la naturaleza y autoanalizando sus propias reacciones, a veces incluso muy contradictoria, si no irracional. Lo que queda claro desde el comienzo de la película es la férrea determinación de la protagonista de enfrentarse a quienes la rodean, y principalmente a su madre, que quiere para ella el destino de la alienación más absoluta, meterla en el engranaje social de la aceptación de unos valores y unas normas que penalizaban hasta la desesperación a las mujeres con espíritu libre y sed de conocimiento. Poco a poco, la férrea determinación de la protagonista de cultivarse, animada por un mentor cuyas intenciones lúbricas acaban haciéndole ver aún más la necesidad de construir una independencia que, en un acto de «rendición» estratégica pasó por un matrimonio de conveniencia que incluyó una cláusula tácita de ausencia de relaciones sexuales.
         Desde el punto de vista cinematográfico, sin embargo, es digno de elogio el intento de la directora por jugar con elementos como los decorados con maquetas para ambientar los primeros compases de la presencia de Andreas-Salomé en las diferentes ciudades, de modo que, yendo después a los interiores, se consigue un dinamismo narrativo que recuerda aquellos decorados de La inglesa y el duque, de Rohmer, tan estilizados, tan exquisitos. Los primeros planos, tan intensos, permiten ahondar, gracias a una estupenda interpretación, en la particular psicología de una autora que amaba la libertad sobre todas las cosas.
         Para el gran público, y para el selecto, está claro que la vida amorosa de Andreas-Salomé, quien desafió tan tempranamente todas las censuras sociales al proponerles a Nietzsche y a Réee vivir juntos en la misma casa evidentemente sin que ella estuviera casada con ninguno de los dos, resulta uno de los capítulos más atractivos de su vida, sobre todo la frustrada relación con Nietzsche, a quien su hermana, una auténtica y castradora tigresa nacionalsocialista avant la lettre, dominó en los últimos años de la frágil vida psiquiátrica del gran filósofo.
Confieso que la elección de los dos actores que interpretan a Nietzsche y a Rilke, tan frágil este último, tan delicado, son una excelente baza de la película, como, así mismo, el desdoblamiento de la vida de la pensadora, entre el presente de su cercanía a la muerte y su pasado, interpretado por Nicole Heesters y Katharina Lorenz, respectivamente. Ese juego entre el presente y la evocación del pasado permite crear un ritmo muy acertado que facilita el ordenamiento de la vida de la escritora en función de sus diversas etapas vitales, siempre desde el compromiso con su ideal de independencia y su franca manera de entender la libertad sexual sin ataduras y sin compromisos, que tanto escandalizó, como ya hemos dicho, en su momento. Es evidente que el retrato de Andreas-Salomé por fuerza ha de destacar esa vertiente de lucha feminista, aunque la película no dé a entender que ella sea consciente del valor «ejemplar» de tal esfuerzo de afirmación individual en una época en la que tan estrechas eran las veredas reservadas a las mujeres y tan anchísimas las destinadas a los hombres.
La película tiene la virtud, al arrancar desde el acercamiento de un admirador a su casa, quien acaba convirtiéndose en su albacea literario, de potenciar sobre todas las cosas la dedicación intelectual de Andreas-Salomé y sus contribuciones, por ejemplo, a la teoría freudiana, pues fue una de las pocas personas no psicoanalistas aceptadas en el club de los miércoles de Freud. De hecho, Salomé no solo hizo valiosas aportaciones a la teoría psicoanalítica, sobre todo al narcisismo, que ella entendía de doble sentido, hacia uno, pero también hacia los demás, sino que se dedicó profesionalmente al psicoanálisis en Gotinga e incluso se juega, en la parte del presente de la película, con esos saberes para psicoanalizar al extraño que se adentra en su vida y a quien ella le va recontando los episodios de su vida que inmediatamente la película nos va describiendo. Después de haber visto innumerables biopics, he de confesar que no hay género cinematográfico tan resbaladizo como este, porque la posibilidad de meter la pata hasta el corvejón está a la orden del día. O se peca de edulcorante o de parquedad o de acidez o de superficialidad… Siempre se peca, cuando alguien se plantea dirigir una biografía de alguien conocido. Lou Andreas-Salomé no es un personaje tan conocido como debiera, dada su trascendental importancia en el desarrollo de la lucha feminista en aquellos años clave de Europa, y esta película, llena de sensibilidad y con un guion perfectamente estructurado permite acercarnos a su vida con cierto provecho, sumo interés y total delectación estética.

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