viernes, 14 de febrero de 2025

«La oferta», de Michael Tolkin («et alii») o el cine por de dentro…

 

Los notabilísimos entresijos de la creación de una obra maestra del cine: El padrino, o los compadres son los productores…

 

Título original: The Offer

Año: 2022

Duración: 55 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Michael Tolkin (Creador), Dexter Fletcher, Adam Arkin, Colin Bucksey, Gwyneth Horder-Payton

Guion: Michael Tolkin, Nikki Toscano, Leslie Greif, Mona Mira, Russell Rothberg, Kevin J. Hynes. Libro: Albert S. Ruddy

Reparto:  Miles Teller; Matthew Goode;  Dan Fogler;  Juno Temple;  Giovanni Ribisi; Burn Gorman; Colin Hanks; Patrick Gallo; Josh Zuckerman; Nora Arnezeder; Jake Cannavale; Anthony Ippolito; Frank John Hughes; Lou Ferrigno; Justin Chambers; Danny Nucci; Paul McCrane; James Madio; Michael Rispoli; Stephanie Koenig; Joey Russo; Anthony Skordi; Meredith Garretson; Lavinia Postolache; Ron Roggé; David M Sandoval Jr.; Michael DeBartolo; Eric Balfour; Ross McCall; Kirk Acevedo; Raelynn Harper; Natasha Sill; Sal Landi; Jake Regal; Brett Robert Culbert; Matthew Furfaro; Daniel J. Silva; Michael Gandolfini; Louis Mandylor; Michael Landes; Mimi Gianopoulos; Ted Monte; Corey Landis; Andre Boyer; Mandy May Cheetham.

Música: Isabella Summers

Fotografía: Salvatore Totino, Elie Smolkin.

 

          Ignoraba la existencia de esta serie entre el número infinita de ellas que asedian a los telespectadores de unos años acá, lo que hace imposible tener un ligero conocimiento de «lo que hay que ver», porque a alguien que no viva solo para esa manifestación, a veces artística, a veces simplemente comercial, por fuerza han de pasarle desapercibidas obras que, como en este caso, merecerían la atención, al menos, de los apasionados aficionados al cine, porque nos ofrece una visión del mismo muy poco habitual: el lado de los productores y su labor indispensable para que los creadores puedan llevar a cabo la película que han visto, ¡o soñado!, a partir de un guion trabajado hasta la extenuación, como fue el caso del de El Padrino, de Francis Ford Coppola.

          La serie nos ofrece la irrupción en el mundo del cine de quien inventó y dirigió una serie televisiva de gran éxito en la TV usamericana Los héroes de Hogan, la abandonó a los 5 años y se lanzó a la aventura de introducirse en el mundo de la producción de películas, cayéndole en suerte nada menos que organizar la producción de una película llamada a ser, si sorteaba todos los peligros que acecharon su nacimiento y crecimiento, una obra capital del siglo XX.  Albert S. Ruddy escribió un libro sobre ese rodaje y su propia carrera como productor, de la mano del famosísimo productor Bob Evans, creador de éxitos de taquilla como Love Story, de Arthur Hiller, interpretada por quien, entonces, era su mujer, Ali McGraw, quien acabaría divorciándose de él porque era un hombre más comprometido con su trabajo que con su matrimonio; La semilla del Diablo, de Polanski, o la que se anuncia en la serie que quieren rodar: Chinatown, también del director polaco.

          En el cine la figura del productor ha dado películas tan inolvidables como la que destaca por encima de todas ellas: Cautivos del mal, de Vincente Minnelli; pero esta serie nos invita a profundizar en las vidas y buenas y malas artes del otro lado de las películas, la trastienda donde se forjan los éxitos o los fracasos que luego aplauden o silban los espectadores en las salas, teniendo siempre presente, eso sí, que el arte está supeditado, cruelmente, a los ingresos por taquilla.

 Los productores usamericanos quieren, sobre todas las cosas, hacer dinero con las películas, y aunque no sean insensibles al arte que pueda haber en ellas, a lo que no están dispuestos es a perder ni un centavo de sus accionistas. De ahí la importancia capital de un productor como Robert Evans, quien, con un exquisito olfato artístico, pero también comercial, supo ver cuáles eran las demandas del público para darle las películas que «estaban esperando». Arriesgó mucho, y ganó muchas veces; pero lo muy interesante de esta serie es que, al menos en Usamérica, estar en la cima no significa que uno pueda confiarse lo más mínimo, porque igual que estás, puedes dejar de estarlo casi de un día para otro, sobre todo si hay quienes ambicionan ese puesto y pueden minar la confianza de los altos ejecutivos, a quienes es fácil asustarlos con la palabra amedrentadora por excelencia: ¡pérdidas! Ese es el papel que representa en la película Matthew Goode, con absoluta propiedad y ribetes de virtuosismo interpretativo.

          Anecdóticamente, antes de entrar en las muchas bondades de esta serie fantástica, que todos los aficionados, no solo a Ford Coppola, sino al cine, han de ver obligatoriamente, déjenme citar una película criticada en este Ojo hace unos meses, Desenfocado, de Paul Schrader, una oscura película sobre el intérprete del éxito televisivo de Albert S. Ruddy, Los héroes de Hogan, Bob Crane, cuya biografía desmitificadora se narra en la película. Ese mismo Ruddy es, justo un año después de dejar de emitirse su serie en TV, quien decide arriesgarlo todo para convertirse en productor de cine, y le pide una oportunidad al todopoderoso Evans, para quien produce El precio del fracaso, de Sidney J. Furie, con un pujante Robert Redford y un secundario de lujo Michael J. Pollard. De ahí pasa al proyecto de El Padrino, aprovechando, la Paramount, el éxito del libro de Mario Puzo, con cuyo fracaso literario arranca la serie hasta que su mujer le convence de que escriba sobre los mafiosos que ha conocido de siempre en su barrio, lo que acabará dando pie no solo a uno de los mayores éxitos literarios de todos los tiempos en Usamérica, sino también cinematográficos, cuando dos usamericanos de ascendencia italiana, Puzo y Coppola se unen alrededor de la cocina y del arte…, para mancomunadamente trabajar en el guion de lo que será una película que ha entrado en la historia grande del cine por derecho propio.

          Desde que corren los rumores de la próxima realización de la película, sectores de la mafia se ponen en movimiento para tratar de impedir que  llegue a las salas de cine, y como Frank Sinatra considera un insulto la película, atendiendo a que el protegido de Don Vito es una referencia inequívoca a su persona, se suma a esa labor de zapa que se centra en la figura del productor, a quien ametrallan el coche como aviso y otras lindezas. El giro sorprendente de la serie será la amistad entre un capo y el productor, lo que permitirá que el proyecto siga avanzando.

          Son pocas las escenas de la película que se recrean y, por supuesto, ni una sola imagen de la película aparece en la serie, aunque sí el tinglado de las c

Amaras y algunos protagonistas perfectamente representados, y especialmente quien interpreta a Marlon Brando. En una reunión mitómana de Coppola, Puzzo y el productor, Ruddy, se nos narra el breve autocasting con el que el actor persuade a Coppola de que solo él puede ser el único Vito Corleone posible, y la secuencia de su caracterización del personaje deslumbra y emociona a cualquier aficionado al cine.

          Se trata de una serie en la que no hay concesiones a las digresiones, todo lo que se narra va directamente al grano, a la historia del rodaje, si bien es cierto que, dada la entidad del productor Bob Evans, y su condición de jefe de Ruddy, se ahonda en su biografía lo suficiente para, sin devenir trama paralela, ofrecernos un cumplido retrato de la perspectiva de los productores en la industria del cine. Estoy seguro de que cuando en los Goya se entrega el correspondiente a la mejor producción, pocos espectadores tendrán una idea cabal del trabajo y la intuición cinematográfica que hay detrás de esa labor. Esta es la serie ideal para informarse de todo lo relativo a una labor que no suele asumir el protagonismo en los guiones cinematográficos. Tengo la impresión, muy subjetiva, de que el papel de Evans debió de crecer a partir del trabajo actoral de Matthew Goode, quien borda el papel de estrella todopoderosa de la producción.  Como es de obligado cumplimiento en una serie, el medio villano que se opone tanto a Evans como a Ruddy, Colin Hanks, anima la trama que está más cerca de descarrilar de lo que pudiera imaginarse, sabiendo a posteriori el éxito que tuvo la película. Miles Teller es el protagonista, pero, ocho años después de su grandísima actuación en Whiplash, de Damien Chazelle, no lo reconocí al ver la serie, aunque tuve el runrún constante de que su cara me sonaba. Al margen de otros que haya hecho, yo ya lo he visto en dos maravillas. ¡No de muchos pueden decir lo mismo!

          Como toda la trama está llena de detalles de los que los amantes de la película están al cabo de la calle, lo mejor es que vean la serie y disfruten de lo lindo.

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