La lucha entre
la libertad del artista y el poder del mecenas con ecos de El manantial.
Título original: The
Brutalist
Año: 2024
Duración: 215 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Brady Corbet
Guion: Brady Corbet, Mona
Fastvold
Reparto: Adrien Brody; Felicity
Jones; Guy Pearce; Joe Alwyn; Raffey Cassidy; Stacy Martin; Isaach de Bankole;
Alessandro Nivola; Emma Laird; Jonathan Hyde; Jaymes Butler;
Peter Polycarpou; Jeremy Wheeler; Matt Devere; Stephen Saracco; Robert
Jackson; Zephan Hanson Amissah.
Música; Daniel Blumberg
Fotografía: Lol Crawley.
Es difícil
hurtarse, cuando se va a una película de estreno, a las muchas opiniones que lo
rodean a uno y de las que se entera aunque no quiera, porque,
inconscientemente, se va asumiendo una posición favorable, adversa o indiferente
que pesa sobre nuestro propio visionado, aunque, como bien saben los
frecuentadores de este Ojo, si de algo me precio es de sentarme en mi butaca y
olvidarme de todo para meterme virginalmente en la historia que se me cuenta.
Lo primero que
descubres es el caos en un espacio indefinido, del que solo sales a la luz del
día para encontrarte, como un guiño lejanísimo al Planeta de los Simios, con la
estatua de la libertad tumbada, y haces tuya esa metáfora; del Caos a la
libertad o, al menos, a la tierra donde esa promesa suele tener más visos de
poder realizarse, siempre y cuando tú te labres tu futuro.
No tardaremos
en saber que el personaje, un exiliado de la guerra en Europa, ha dejado a su
mujer al otro lado del mar y que él ha de ganarse la vida de la manera más
humilde que pueda, porque poco sabemos de su pasado en esos primeros momentos.
Cuando logra reunirse con un primo suyo, naturalizado ya usamericano, quien le
facilita alojamiento y le ofrece trabajar con él en su casa de muebles,
descubrimos, gracias a un encargo hecho por los hijos de un magnate, que el
protagonista tiene conocimientos de arquitectura y que, en consecuencia, acepta
el encargo de «crear» una biblioteca para el padre del hijo que le hace la
comanda, con un plazo, además, que no puede superarse, para que funcione el
efecto sorpresa. Lo primero que se ha de reconocer es que el diseño de la
biblioteca es absolutamente cautivador, y que las estanterías movibles que se
cierran contra la pared para, así, evitar, el polvo y el desgaste de la luz
sobre la frágil materia de celulosa de los libros, es como un sueño hecho
realidad. La ubicación de la silla Bauhaus en medio de la sala, con la
austeridad propia de aquellos diseños entre artísticos y funcionales, acaba de
redondear lo que, para cualquiera, ha de ser una obra de arte. Todo, sin
embargo, acaba mal, porque el magnate, cuya madre está agonizando, llega antes
y se encuentra con la casa patas arriba. Desenlace: abomina del diseño y su
hijo se niega a pagar el encargo.
La vida de un
emigrante no es fácil, y ello se recoge perfectamente en la película, en la que
el personaje duerme en los dormitorios en los que se alquila una cama y se ha
de estar todo el día fuera, en la calle, antes de volver a usarla. Haberse
hecho con un poco de dinero, le permite, en compañía de un negro con quien
estrecha la amistad, que lo acompañará prácticamente hasta el final de la
historia, frecuentar los clubes donde suena el jazz que el personaje ya conocía
de los años 20 y 30 alemanes, en los que se convirtió en una música popularísima
en Alemania y, principalmente, en los cabarets de Berlín, y donde puede
conseguir la droga, a la que se ha vuelto adicto.
En una escena
que, quiérase o no, recuerda la de El manantial, cuando Gary Cooper está
trabajando en una cantera y la hija del magnate lo «descubre», y se siente
físicamente atraída por él, nuestro protagonista trabajaba también acarreando
carbón cuando es «descubierto» por el magnate que lo había echado de su
mansión. Ahora llega, sin embargo, con la esperanza del reconocimiento en las
manos y con la admiración hacia el artista no reconocido en su momento.
Aparentemente no parece haber ninguna atracción física, pero será cuestión de
tiempo. El magnate y el artista, el mecenas y el siervo ilustrado, forman una
pareja tradicional en el desarrollo del arte en Occidente, y gracias a ese
entendimiento, lleno de tiranteces, tenemos hoy buena parte del patrimonio
artístico europeo que tenemos, está claro. La relación de poder, por lo tanto,
va a ocupar un espacio central en una relación que, para bien y para mal,
condiciona el desarrollo de la historia, dado que el protagonista se instala en
la mansión del magnate y puede, gracias a las relaciones de este con gente
importante en las esferas gubernamentales, acelerar los trámites para que su
mujer pueda entrar en el país.
No descubro
nada a nadie si digo que el título de la película hace referencia a un
movimiento arquitectónico que usaba el hormigón como material básico para sus
construcciones, el mismo que va a usar el arquitecto de nuestra historia para
construir el edificio polifuncional, memorial religioso incluido, que decide erigir
en recuerdo y memoria de su madre el magnate en los terrenos de su propiedad. Quien
entre en Madrid por la autovía que viene de Guadalajara, puede observar, a su
derecha, un edificio alto, de apariencia cilíndrica, construido en hormigón, me
refiero a Torres Blancas, del arquitecto Sáenz de Oiza, en su momento, una obra
emblemática de ese movimiento, y hoy una novedad radical que sigue conservando
el encanto de su atrevimiento formal.
Cuando regresa
la mujer, en una silla de ruedas por la osteoporosis agravada a causa de la muy
deficiente alimentación durante el tiempo de guerra, la historia dará un giro
hacia el análisis psicológico que se alternará con el proceso de construcción
del magno edificio que, como siempre ha
ocurrido, recibirá tantos aplausos como furibundas críticas. La madre llega con
la sobrina que cuida de ella, y no tardaremos en ver cómo el hijo del magnate
inicia un acoso que no se consuma, y de quien sabemos, muy veladamente, que su
hermana ha sufrido un incesto o un intento de, porque la conversación no
termina de dejarlo claro. En todo caso, la familia del magnate acaba ofreciendo
la impresión de estar construida desde la amoralidad propia de las clases
poderosas. La sobrina, sin embargo, muda profunda, a pesar de saber inglés,
como lo domina la mujer del arquitecto, que estudio en Oxford, razón por la que
el magnate quiere buscarle un empleo en Nueva York, acaso para que no distraiga
a su «protegido», acaba emparejándose con un joven judío y deciden irse a vivir
a Israel, aunque eso ocurre cuando, tras ser expulsado por el magnate, ha de
sobrevivir en Nueva York como diseñador. De forma temporal, porque, finalmente,
el magnate decide acabar la obra empezada y vuelve a contratar al artista,
quien es muy otro de quien fue, a tenor
de las duras experiencias vividas.
En esta
segunda etapa de la construcción, y en el viaje a Italia para escoger el mármol
que requiere la construcción, vemos las imágenes más hermosas de toda la
película: las canteras de mármol de Carrara, famoso en todo el mundo. Como me decía
mi Conjunta, las tomas de esas canteras recordaban las fotografías de Salgado,
y es precisamente junto a la belleza absoluta cuando sucederá la infamia
absoluta, aunque rodada con enorme discreción, de tal manera que puede pasar
desapercibida al espectador que tenga un momento de despiste.
Ya entiendo
que el cierre redondo de la historia exige un final como el que tiene, pero a
mí me parece muy flojo, acaso porque, a cierta edad, los homenajes a los
artistas resultan innecesarios, y, para el espectador de una vida tan
emocionalmente agitada y tan artísticamente perturbadora, lo sustancial está
mucho antes. Desconcierta ese anticlímax como broche de una narración magníficamente
interpretada por Brody, aunque sobreactuada en algunos momentos, y llena de
secuencias que no dejan lugar a dudas sobre la dureza de la vida de los
inmigrantes, la incomprensión frente al judaísmo profesado por el protagonista —la
condición de judío será uno de los motivos alegados para encargarle la erección
de un memorial cristiano— y las difíciles relaciones con su mujer —¡magistrales
las escenas íntimas entre los dos!— y con el magnate. Comentario aparte merece la ambigüedad de la relación del
artista con su primo y la mujer de su primo, sobre todo porque este usa un
supuesto acoso de su huésped a su mujer, cuando, en realidad, ha sido él quien
ha «incitado» a su primo a estrechar contacto con ella.
Aun teniendo
una opinión muy favorable de la película, también me parece que el protagonista
no acaba de estar bien perfilado, aunque sí su travesía existencial. Sabemos,
en realidad, poquísimo o nada de su mundo interior, lo cual redunda en la
distancia con que asistimos a no pocas de sus reacciones. En conjunto, la obra
es sólida y merece ser vista, pero la fama «bauhausiana» no llega a la altura
del discurso individualista libérrimo de El manantial, de Vidor, me parece.
En todo caso, aunque el desarrollo de la trama no me ha quedado claro, le daré una oportunidad, porque lo que has contado parece interesante. El Manantial, tanto la película como la novela, me dejó una sensación agridulce pero tiene momentos muy buenos. "Me gustaría saber qué piensa usted de mi"- "yo no pienso en usted". Esas simples líneas de diálogo de El Manantial ejemplifican para mi más que muchos discursos sobre la dignidad
ResponderEliminarMi querido JUAN, mil gracias por compartir esta pieza a cuatro manos, todo un honor interpretar contigo la misma partitura : ) Estupenda tu reseña como todas las q haces y muy de acuerdo con todo lo q comentas ...Tengo un lejano recuerdo del Manantial , sobre todo porque todas las películas de mi querido Gary Cooper las guardo con un cariño especial en mi memoria, pero no tengo una imagen ni tid de ella , creo q fue un canto a la individualidad y a la integridad frente a los intereses y la comunidad que pretendía fagocitar a los sujetos aislados ...poco más recuerdo. Comienzo contestándote a tu última pregunta allí, sí, naturalmente q me esperaba más y no porque esta película no de mucho de todo ...que es realmente generosa en muchísimos aspectos, fundamentalmente porque como tú comentas y a pesar de las casi cuatro horas intermedio incluido, tanto la trama vital, como el perfil psicológico de los personajes están solo hilvanado. Me dejó totalmente desconcertada q tras la terrorífica escena en la q la esposa va a reprocharle la violación de su marido en la cantera a aquella comida ...se pase de ese momento especialmente dramático y escalofriantemente cruel a esa especie de homenaje final , como q le dieron carpetazo por falta de presupuesto o que se yo ...porque debían terminar de alguna forma y ya para rematarla esa frase lapidaria q por cierto no comparto en absoluto ..."lo importante es el destino"... Me quedé mirando la pantalla con ganas de agarrar al director por la solapa y someterme al tercer grado jajaja ¿por qué la sobrina no hablaba cuando se trasladó con su tía a Filadelfia? ¿Quizá una especie de metáfora donde únicamente ella de todos los judíos presentes despreció con su displicente silencio a esa sociedad acomodada y depravada que les habían acogido ? ¿Por qué fue la esposa del arquitecto y no él a reporcharle el ultraje sufrido por su marido y además en medio de una comida familiar ? ¿Qué pretendía representarse con esa horrible escena en la q se cae y la arrastran ? ¿el culmen de la humillación a esta pobre pareja de judíos? Sinceramente me pareció una exagerada victimización de los protagonistas , ya suficientemente atormentados durante el holocausto... A la vez q excesivo ese ensañamiento dibujando a la élite de la sociedad de esa ciudad cuáquera Filadelfia como lo peor.. depravada , fanática ideológicamente ( tb yo vi ese empeño de q incluyera una iglesia católica como una forma de hacerle morder el polvo y a vez más ) y sobre todo, de una crueldad y con derecho a todo tipo de abusos q insisto, desequilibra totalmente la trama , los buenos lo soportan todo mansamente mientras mueren de angustia existencial y los malos son monstruos horrorosos sin posibilidad de redención ...fíjate , lo q no percibí fue esa insinuación de posible incesto entre la hija y el magnate ..de hecho, parece q la única salvable de esa familia es ella. En lo único q difiero contigo es en el valor de la música en esta película , creo q no es una BSO más , es lo q la vértebra y dibuja los contornos de cada uno de los momentos estelares de la historia ...es más , fuera de la película no funcion...imágenes y música son un todo , la unas sin las otras no serían lo mismo ..o eso me ha parecido a mí. Sea como fuere , ha sido todo un placer compartir esta experiencia contigo , ojalá tensms oportunidad de hacerlo más veces y por favor, disculpame si tardo un poquito en contestarte allí , he preferido hacerlo aquí en cuanto he visto tú estupenda entrada y ando un poco justa de tiempo estos días , pero lo haré y además con calma a es como me gusta hacerlo con los q de verdad aprecio , un beso JUAN , mil gracias de nuevo y hasta nuestra próxima película a cuatro manos jajaja
ResponderEliminar¡Pero qué generosa eres, María! No solo te has marcado una crítica que ya me hubiera gustado a mí, sino que, además, vienes a este Ojo a completarla con un análisis psicológico impecable y la defensa de la función de la música tan oportuna, aunque a mí me parece, ya lo he dicho, que fían demasiado la emoción a los sonidos, en vez de a las imágenes, aunque estas, muy a menudo, sean literalmente espectaculares. Seguro que habrá otras oportunidades como esta, seguro... Un beso.
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