La polarización húngara en el ocaso de la orbanmanía.
Título original: Magyarázat
mindenre
Año: 2023
Duración; 152 min.
País: Hungría
Dirección: Gábor Reisz
Guion:Gábor Reisz, Éva
Schulze
Reparto: Adonyi-Walsh Gáspár;
István Znamenák; András Rusznák; Rebeka Hatházi; Krisztina Urbanovits; Eliza
Sodró; Lilla Kizlinger; Dániel Király; Gergely Kocsis; Tamás Fodor; Péter
Tarján; Zsuzanna Szager.
Música: Kálmán András, Gábor
Reisz
Fotografía: Kristóf Becsey.
Aquí el
profesor contra quien se lanzan la prensa sensacionalista nacionalista y las
autoridades académicas bajo el gobierno de Orban es de la asignatura de
Historia. En otra película del mismo corte que la presente, y que vimos no hace
mucho, el título ya indicaba la materia de la protagonista: La profesora de
Literatura, de Katalin Moldovai. En
ella, el escándalo se debe a que la profesora ha recomendado ver una película
de Agnieszka Holland, Vidas al límite, en que se repasaba la agitada
vida de Verlaine y Rimbaud, poco edificante para la mentalidad antitodo de la
Hungría hiperreaccionaria gobernada por Orban. En la presente película, el
escándalo se origina a partir del suspenso que recibe un estudiante que,
perdido en conflictos propios y amorosos, literalmente no ha contestado
absolutamente nada del tema escogido para el examen final. El arranque del escándalo
se debe, ni más ni menos, a que el profesor de Historia le pregunta por qué
lleva la bandera nacional en la solapa. A partir de tan nimia cuestión, el
hijo, para escapar de su responsabilidad ante sus padres, alega que el profesor
le tiene manía, que lo persigue y que se ha cebado en él por llevar la bandera
nacional el día del examen, convirtiéndose poco menos que en un patriota vejado
y anatematizado por el «progre» profesor de Historia, amigo de correr, de
montar en bicicleta, con el pelo recogido en coleta y, sobre todo, enemigo político
del presidente y de su partido, Fidesz.
Estamos ante
una película que funciona con la técnica de la bola de nieve que, a medida que
rueda ladera abajo, va creciendo hasta convertir la anécdota de ese suspenso en
un suceso de alcance nacional que
convoca, para la forzada repetición del examen, a todos los medios de prensa en
ese acto, que sale muy otro del que todos esperan. Vale decir que, para
reforzar la argumentación del joven mentiroso, se nos habla de un
enfrentamiento habido entre el padre y el profesor en una reunión de padres, lo
cual usa la periodista que levanta la liebre de la noticia, para conseguir un
puesto que la afirme en la profesión, como aval que convierte en represalia lo
que, en términos objetivos, jamás hubiera debido pasar de una simple anécdota.
Completemos la
información para que el futuro espectador vaya preparado: el joven causante de
todo el alboroto está enamorada de una joven que, as u vez, está profundamente
enamorada del profesor de Historia, lo cual complica sobremanera la resolución
del caso, porque los celos del joven quieren vengarse del profesor y su «caso»
es el vehículo apropiado para conseguir su fin.
A estas alturas de la sinopsis argumental es muy posible que los futuros
espectadores se pregunten cómo ha sido posible que la venganza, aliada con la
ignorancia, se haya convertido en un suceso de alcance nacional que tiene en
vilo a todo el país, a quien se interroga en las calles para que expresen su opinión.
Como lo que está en juego, en el fondo, es la posibilidad del desprecio a la
bandera del país, símbolo de la patria, no es difícil entender cómo se puede
vivir algo así en un país en el que gobierna el populismo nacionalista y autoritario,
incapaz de simplemente convivir con la
disidencia o con otras ideologías.
Sí, estamos
ante una película profundamente política sobre las libertades individuales y el
uso del poder, porque, aun habiendo formado parte de un tribunal que ha podido
comprobar que el alumno no ha contestado a nada del tema escogido para el
examen, todos ellos han de recular en su posición para admitir, por imposición político-académica
de las instancias superiores, que ha habido una parcialidad manifiesta en el
suspenso y que el alumno merece una segunda oportunidad.
Quizás el
futuro espectador ignora que ese examen es algo así como nuestro examen de Selectividad,
la famosa PAU nuestra que permite acceder a los estudios universitarios, y que,
de hecho, ningún alumno húngaro suele suspenderlo, como le recuerdan constantemente
sus padres, quienes, en las comidas familiares, lo ayudan a prepararse para él.
Con esta información queda claro que el conflicto no es, pues, de carácter
académico, sino político, y ahí encuentra su alimento la bola del bulo que
rueda a partir del primer artículo, que se acoge a la discriminación de la
bandera y a la enemiga de los sentimientos nacionales, porque lo que lleva el
protagonista es la escarapela con los colores de la bandera nacional que todos
los húngaros lucen el 15 de marzo, conmemoración de la revolución de 1848, la
llamada kokárda.
Desde nuestra
realidad cotidiana, esto solo se entendería desde las comunidades autónomas con
lengua propia en la que cualquier atisbo de discriminación de los sentimientos
nacionalistas constituye un escándalo que no sucede si la discriminación es del
sentimiento nacional español, y ahí están por ejemplo, las reticencias de las
autoridades catalanas a cumplir la sentencia judicial sobre la ampliación del uso
del español en el sistema educativo.
El retrato del joven, que se nos presenta como un papanatas que permite que todo se vuelva un disparate alrededor de una situación absurda, tiene una progresión que no puedo desvelar, pero que es congruente con el desarrollo de la historia y un desenlace entre críptico y excesivamente elíptico, pero ¡a ver quién es el guapo que sale de ese avispero sin las picaduras correspondientes...! Ha de reconocerse que las interpretaciones, tanto del alumno, como de sus padres y del profesor son excelentes y con una poderosa capacidad de persuasión. Para quien ha regresado hace poco de una visita a Budapest, otra de las razones para escoger esta pelicula, la desilusión es grande, porque, junto a un exceso de interiores, cuando las cámaras salen a la calle en modo alguno practican la promoción turística de la ciudad, al estilo, por ejemplo, de las películas europeas de Woody Allen, aunque imagino que en este caso debe de estar especificado en el contrato...

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