martes, 19 de mayo de 2026

«Michael» de Antoine Fuqua, una excelente biografía que pide una segunda parte.

Electrizante biografía de los comienzos y la ascensión meteórica de Michael Jackson: la vida compleja, y marcada por una infancia inexistente, de una megaestrella de la canción popular.

 

Título original: Michael

Año;  2026

Duración: 127 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Antoine Fuqua

Guion: John Logan. Biografía sobre: Michael Jackson

Reparto: Jaafar Jackson; Colman Domingo; Nia Long; Juliano Krue Valdi; Miles Teller; Mike Myers; Laura Harrier; Jayden Harville; Jaylen Lyndon Hunter; Judah Edwards; Joseph David-Jones; Nathaniel Logan McIntyre; Jamal Henderson; Rhyan Hill; Jessica Sula; Tre' Horton; Amaya Mendoza; Liv Symone; Larenz Tate; John Rabe; KeiLyn Durrel Jones; Sophia Villegas; Kendrick Sampson; Michael Andrew Baker; Zach Kenney; Kale Hills; Christine Fekete; Lincoln Bodin; Misha Suvorov; Angela Gibbs; Albie Selznick; Michael Berry; Mark Bloom; Tiago Martinez.

Música: Música original: Lior Rosner

Fotografía: Dion Beebe.

 

          Aunque la familia Jackson está detrás de la producción de esta, quiero entenderlo así, primera parte de la biografía de Michael Jackson, no han tenido ningún reparo a la hora de aceptar la terrible visión que se ofrece en ella del padre del protagonista, un auténtico tirano clásico que no dudaba en recurrir a la violencia para inculcar en sus hijos la mayor de las exigencias si querían dedicarse al mundo del arte, porque, a su juicio, no había escalas intermedias entre ser un fracasado o ser un triunfador, y para ser esto último se había de sacrificar todo en aras de la perfección artística. Solo así puede entenderse la mayor parte de lo que vino después, cuando Michael Jackson inicia una carrera en solitario y acaba convirtiéndose en una megaestrella que eclipsa al grupo del que hasta ese momento había formado parte, The Jackson Five, alrededor del cual orbitaba toda la vida de la familia.

          He ido con cierta reticencia, porque el cantante negro que quería ser blanco no ha sido nunca un artista que me haya causado admiración, a pesar, eso que quede claro, de reconocerle una calidad artística que está muy por encima de sus devaneos absurdos con los caprichos y excentricidades propias de los famosos, de las celebridades. Y, sin embargo, he salido encantado del visionado de esta película que ilustra algunas zonas oscuras de la vida del cantante y compositor y que se centra en su camino hacia el estrellato, porque, ya desde niño, dejó boquiabiertos a cuantos entendían algo de la música que el niño de entonces llevaba dentro y que supo convertir, años más tarde, en éxitos universales, y, como muestra de todo ello, que bien vale por toda su carrera, se narra en la película la creación del álbum Thriller, con el vídeo que tantísimo impacto produjo cuando se lanzó la canción. Recordemos que, desde entones, ese Lp, que decíamos en mi juventud, se ha convertido en el más vendido de la historia, alrededor de setenta millones de copias, lo que nos da una idea de la dimensión universal de este cantante y bailarín que asombró al mundo entero, viniendo desde el soul y el funky, sus raíces musicales.

          La película ha pretendido alejarse de los biopics tradicionales, que suelen considerarse hagiografías, más que biografías, pero, aun así, no dejamos de ver el lado tierno y dulce de un ser delicado que, ha carecido de infancia propiamente dicha y que se refugia en un peterpanismo que no superará nunca y que lo lleva a tener una relación muy estrecha con sus mascotas, sus verdaderos «amigos», y con niños a los que, habitualmente, visitaba en hospitales y que, en esa segunda parte, lo visitaban a él en su casa, con quienes dormía «castamente», decían.  Recordemos que, desde que triunfa en el grupo musical con sus hermanos, Michael Jackson se considera un niño que no es como los otros niños, y cuando triunfan, no tiene amigos,  porque los otros solo quieren fotografiarse junto a él, junto a la estrella. Ese apartamiento del mundo propio de un niño que casi no asiste a la escuela, que no tiene amigos y que triunfa de un modo tan apabullante, por fuerza han de crear una psicología muy especial, máxime en quien no tiene a nadie, al margen de su familia, de la que le cuesta dios y ayuda  independizarse, algo a lo que aún, al final de esta primera parte de su biografía, no hemos llegado.

          La realización del progreso material de la familia, que vive en una barriada obrera con muy precarias condiciones, no tarda en producirse cuando una productora, la Motown, lanza al estrellato a The Jackson Five, si bien la carrera en solitario de Michael vendrá de la mano de Epic Records y de la producción musical de Quincy Jones, otro genio de la música. Esos primeros compases de la película, con una ambientación perfecta, ya dan a entender el pulso que ha de mantener la realización, muy apegada al espíritu de superación inculcado a latigazos por el padre. El cambio de fortuna para Michael es, en realidad, parte primordial del proceso de separación de su padre, que fue tan duro como en la película se retrata, y que dio lugar a que se planteara separar sus caminos comerciales, aunque, por lealtad familiar, participó en alguna gira del grupo del que, como compositor y cantante, ya no se sentía parte. El giro de su carrera, a través del baile y de nuevos ritmos y melodías acabaría distanciándolo definitivamente de sus raíces y, sobre todo, de su padre. A su madre, sin embargo, con quien compartía la afición a ver viejas películas de Hollywood, musicales, de terror, dramas  y, sobre todo, de dibujos animados, una afición que nunca le abandonó, siguió unido siempre, porque era el refugio contra los maltratos del padre, aunque en ningún momento la madre parece predispuesta a tomar la decisión de abandonar a su marido.

          No guardaba memoria del grave accidente que padeció el cantante, durante e rodaje de un auncio de Pepsicola, acaso porque  se trata de una estrella cuya vida personal nunca me atrajo, y cuyas excentricidades me lo han hecho, si acaso, poco grato; pero, visto objetivamente, se ha de reconocer que le fue la vida en ello y que hubo de dejarle importantes secuelas con las que habría de lidiar durante no poco tiempo. No de ahí, sino de la adicción a la cirugía estética, es de donde procedió su adicción a los analgésicos, pero supongo que eso formará parte de la continuación de la historia que implícitamente se anuncia en la película, bastante más peliaguda, desde el punto de vista moral, más que profesional, y cuyo abordaje espero que sea tan poco complaciente como el de esta primera parte.

          La película exige una audición de la música propia de los potentes sonidos del cine, una música que se apodera del espectador y que lo invita a moverse siguiendo los ritmos que le ofrecen continuamente en actuaciones absolutamente excepcionales, sobre todo del protagonista, que es sobrino del propio Michael Jackson, hijo de su hermano Jermaine. Tanto el protagonista Jaafar Jackson, como quien lo interpreta de niño, Juliano Valdi, «dan el papel» de una forma fabulosa, y en muchos planos interpretados por Jaafar tenemos la sensación de estar ante el mismísimo Michael. Aunque algo sobreactuado, la interpretación del cruel padre, Colman Domingo, cumple perfectamente para dar a entender el terror que debió sufrir el niño Michael en manos de ese adicto al éxito y al dinero. Al salir del cine se me ocurrió pensar que el padre de las hermanas Williams, las famosas tenistas, no debió de ser muy diferente de este Joseph Jackson terrible.

          Guste mucho o poco el personaje, merece la pena asomarse a los fundamentos familiares de una personalidad forjada en la soledad, el terror y la convicción de ser un genio. Por suerte, las últimas tres películas sobre ídolos del pop han sido excelentes: Rocket Man, sobre Elton John, Bohemian Rhapsody, sobre Queen y Freddie Mercury, y ahora este Michael, sobre un auténtico icono de la música de siglo XX. A la hora de documentarme sobre quien sufrió el síndrome de Peter Pan, me ha costado reconocer que Michael Jackson formara parte, en la banda más joven, de mi propia generación, pues nació en 1958. Imagino que el hecho de cultivar siempre ese aspecto juvenil debió de llevarlo a imaginar que podía ganar su lucha contra la vejez, aunque la sobredosis le resolvió todos los fundados temores. Aguardo con interés esa segunda y conflictiva parte. Recordemos que Jackson también aparece en los archivos del caso Epstein y fueron noticias las acusaciones de abuso sexual de niños, hechos que tendrán cabida en esa continuación, imagino. La primera parte, acentuando el lado angelical y peterpánico del cantante, nos prepara para encuadrar los hechos de esas acusaciones en el adecuado contexto. Veremos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario