jueves, 2 de agosto de 2018

“Amor de verano”, de Gilbert Cates, un título desafortunado para un convincente drama psiquiátrico.



Los ambiguos límites entre la cordura y la locura: Amor de verano o una historia familiar que linda con el terror psicológico.  



Título original: Dragonfly
Año: 1976
Duración; 98 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Gilbert Cates
Guion: N. Richard Nash
Música: Stephen Lawrence
Fotografía: Gerald Hirschfeld
Reparto: Beau Bridges,  Susan Sarandon,  James Noble,  Ann Wedgeworth,  Harriet Rogers, Linda Miller,  Mildred Dunnock,  Ed Setrakian,  Andrew Bloch,  James Otis.

Escogida al azar por la presencia en la carátula de Susan Sarandon, la intuición ha funcionado una vez más. Gilbert Cates, un director en plenitud creativa en esa década un tanto “oscura” para el cine como la de los años 70, si juzgamos por los numerosos clásicos que se rodaron en los 50 y los 60, dirigió esta película tres años después de una de las más reconocidas de su carrera, Deseos de verano, sueños de invierno, con Joanne Woodward y con una temática psicológica y social verdaderamente punzante, entonces e incluso hoy, una película que no tardaré en ver si me la consiguen en Tallers 79. El desafortunado título de esta película, frente al de Libélula del original, íntimamente relacionado con el desarrollo de la acción, es equívoco respecto del contenido de la historia que desarrolla y puede incluso condicionar la recepción del espectador, desengañado de la prometida historia de amor que resulta muy pero que muy marginal en la historia, aunque tenga su importancia en el desenlace. He de comenzar la crítica elogiando como se merece el papel que representa Beau Bridges, no solo porque es un prodigio de verosimilitud sino porque es él quien mantiene la película en pie con una solvencia impropia para un relativamente joven actor, porque, a pesar del aire aniñado que tiene, había cumplido los 3 cuando rodó esta película y llevaba, desde 1948 trabajando en el cine y en la televisión. Aquí hace el papel de un enfermo mental que ha estado recluido en una institución psiquiátrica desde los 13 años sin saber exactamente por qué. La acción arranca el día en que los psiquiatras y la autoridad deciden que el tratamiento ha funcionado y está ya en disposición de reintegrarse a la sociedad libremente. El comportamiento del protagonista es inquietante, en todo momento,  y refleja extraordinariamente la complejidad del laberinto mental en el que ha vivido y aún vive el personaje. Sale de su cárcel psiquiátrica con un único objetivo: encontrar a su familia, a su único hermano, para que le revele exactamente cuál fue la razón de su internamiento, porque él está convencido de haber sido ingresado por haber matado a la madre. La narración adopta, pues, una estructura propia de road movie que se materializa, sin embargo, en una sucesión de encuentros que irán jalonando esa vía purgativa hacia el conocimiento de lo que ocurrió en realidad. El primero es con la encargada del bar de un cine del pueblo donde vivió su familia e inicia las pesquisas para encontrar a su familia. Hablamos de Susan Sarandon, que venía de una participación notable en Primera Plana, de Wilder, pero que no sirvió para reconocerle el mérito que le granjearía después Atlantic City, de Louis Malle, por ejemplo. La relación entre Sarandon y el inquietante y misterioso desconocido se mueve a medias entre el instinto maternal de proteger a alguien a quien reconoce como desvalido y el temor a tenérselas que ver con un psicópata que pueda darle algo más que un disgusto. El episodio central de su relación deja paso, en poco tiempo, a la continuación de sus pesquisas, que lo llevarán, finalmente a casa de su hermano. Antes de llegar allí,  se aloja en un motel de carretera en el que la sueña, estando su esposo ausente se insinúa al joven y lo seduce. Cuando llega el marido llega y descubre la infidelidad, la emprende a golpes con l esposa; el joven se interpone y entonces es acometido por el marido. Coge una cadena de la furgoneta para enfrentarse al salvaje, pero, en vez de arremeter contra él, comienza a golpear la parte trasera del vehículo con una insistencia, energía y furia atronadoras, siguiendo la norma de oro que le inculcaron en el Sanatorio: dirigir la violencia contra los objetos, no contra las personas. Finalmente aparece ante la casa de su hermano y se encuentra con la esposa, quien lo invita a pasar. En la casa descubre al único sobrino que tiene, aquejado de mongolismo, con quien, sorprendentemente para la madre, hace excelentes migas. Su hermano, que ha huido de él toda su vida porque no quiere tener nada que ver con un enfermo mental que arruinó la vida familiar se niega a acogerlo en su casa, a pesar de las protestas de su esposa, quien descubre en él una compañía muy positiva para su hijo, una compañía que le permitiría crecer, socializarse e incluso desarrollarse. La escena en la que ambos hermanos discuten acerca de la necesidad de información de uno y la pretextada ignorancia del otro alcanza una tensión extraordinaria que nos trae a la memoria viejas escenas del nerorrealismo. El prejuicio del hermano puede con los intentos de la mujer de acogerlo y, finalmente, ha de marchar y seguir su camino. El hermano llama al Sanatorio para revelar que la madre está viva, a pesar de que él creía que la había asesinado. Chloe (Susan Sarandon) va al Sanatorio en su busca y allí se entera de esa noticia que, cuando vuelve a encontrar a Jeff para convencerlo de que vuelva con ella, le comunica, para estupefacción de Jeff. Y entonces llegamos al final de la road movie que se ha materializado en people movie, una sucesión de encuentros que han puesto a prueba su capacidad de adaptación a un mundo ciertamente hostil: el del trabajo, el de la relación inédita con el otro sexo, el de las relaciones familiares y, como apoteosis, el enfrentamiento con la madre…, sobre el cual me abstengo de decir ni sugerir nada, porque es una escena tremenda, interpretada con un verismo impactante que se convierte en un desenlace agónico que desnuda la naturaleza humana de una forma brutal y estremecedora. Si Beau Bridges logra, aquí una de sus mejores interpretaciones -después de esta lo he visto en The incident, de Larry Peerce, su tercera película, y si en ella está sobresaliente, ¡qué lejos queda de la excelencia de la presente! Al comienzo de la película me recordó, en parte, el papel de Dustin Hoffmann en Rainman, pero poco a poco va desarrollando una caracterología muy distinta de la del autista, en la que el conflicto con la ira y la violencia se vuelve dominante e inquietante para con quienes se relaciona. En fin, no sé si tiene actualmente muchos seguidores Gilbert Cates, pero hay toneladas de verdad y de sensibilidad en esta película que explora las tenebrosas vías de los trastornos psicológicos.



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