jueves, 7 de noviembre de 2019

«¡Hola, mamá!», de Brian de Palma «godardizado»…



El cine en el ojo del huracán,  el sexo degradado, y la antipolítica…

Título original: Hi, Mom!
Año: 1970
Duración: 87 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Brian De Palma
Guion: Brian De Palma, Charles Hirsch
Música: Eric Kaz
Fotografía: Robert Elfstrom
Reparto: Robert De Niro, Charles Durning, Allen Garfield, Lara Parker, Bruce Price, Ricky Parker, Andy Parker, Jennifer Salt, Robbie Heywood, Leslie Bornstein, Paul Bartel.

No hay director que no cuente entre sus obras con alguna rareza que, justificada en el momento de la creación, pierde casi toda su potencial capacidad transgresora apenas ha pasado una década. Sucede con Almodóvar, sucedió con Godard y también, por supuesto, con Brian de Palma. La película, no obstante, tiene algunos «valores» que permiten verla hoy con ojos de espectador arqueólogo que visita las ruinas de un pasado no precisamente glorioso, pero en el que identifica motivos, técnicas y propuestas muy dignas de ser revisitadas.
Hay quienes descubren, dentro de l carrera del director, «constantes» de su carrera, en este caso la esencial es el «voyeurismo» que anima al protagonista, un Robert de Niro tan joven como ya experto actor con una pluralidad de registros muy notable, si bien en esta ocasión, por la propia indefinición del personaje, se mueve entre varios de ellos que parecen anularse mutuamente. El protagonista, un director de cine, le propone a un productor de cine erótico un proyecto de grabación con actores no profesionales a partir de imágenes robadas sin consentimiento de estos. El método consiste en instalarse en un edificio desde donde poder rodar en el edificio de enfrente los «momentos eróticos» de sus inquilinos. A ello se suma el plan de seducción de una joven para «programar» una relación sexual que será grabada de forma automática a una hora precisa. En esos menesteres, la película transcurre como una fábula alrededor del cine, de la imagen y del acto de mirar como una función creadora. La inspiración en Godard s tan evidente como la falta de la amplitud ideológica del director suizo, aunque la aventura sobre la comunicación y comunión interracial sí que puede considerarse como un verdadero hallazgo godardiano, y un momento, el de la sesión de los activistas, muy potente, desde el punto de vista cinematográfico.
La película, hija de la nouvelle vague, recurre constantemente, a pesar del planteamiento inicial voyeurista del edificio de enfrente, al rodaje en la calle, sobre todo para la acción paralela básica de la película que es el seguimiento de un movimiento de defensa de la negritud con un lema Be Black que pretende, a través del teatro de la crueldad, poner a los blanco en la condición de los negros perseguidos y violentados en Usamérica. Toda esta parte política militante acabará derivando en un planteamiento de tipo terrorista que se explica mal en la política y contribuye, en parte, a lo errático de su propuesta fílmica. Es, así mismo, la más parecida a los planteamiento de Godard en La china, por ejemplo. Esa deriva nos llevará a un sorprendente desenlace de la película, con la voladura donde vive el “terrorista” que ya está casado, esperando un hijo y trabajando en el sector de los seguros. Las escenas de las acciones políticas panfletarias en la calle, encuestas incluidas, son extraordinarias y demuestran un pulso narrativo extraordinario. Así mismo, una vez que el protagonista, John Rubin, fracasa en su intento de vender el vídeo porno de la vecina seducida para ser filmada ante las cámaras -quien ocupa la pantalla, al moverse la cara, es el vecino blanco que pertenece al grupo de agitación Be Black, pintándose de negro todo el cuerpo, el pene incluido- Rubin acaba integrándose en dicho grupo para participar en el espectáculo como policía. Pues bien, los curiosos que se atrevan a ver esta película, tendrán un déjà vu total y anacrónico al contemplar a Robert de Niro interpretando por primera vez lo más parecido a la célebre escena de Travis en Taxi Driver frente al espejo: Are you talking to me?
 El protagonista, que acaba de volver de la Guerra de Vietnam, decide explorar la vía de una carrera cinematográfica en el mundo subterráneo del cine porno, una opción que, como su voyeurismo nato, se nos presenta como un planteamiento antisocial, producto del resentimiento de quien ha sido forzado a participar en una orgía colonial y geoestratégica que, sin embargo, no parece pesar en el protagonista como la losa de un trauma; no obstante, hay un cierto desquiciamiento de fondo, podríamos decir, que justifica -si no es exagerado el término- su comportamiento, un desequilibrio emocional que se transmite en el especial distanciamiento que hay entre sus deseos y sus actos. Toda la ceremonia de la seducción de la vecina para poder grabar el vídeo, que después acaba convirtiéndose en una seducción real, con él casi de marido modelo no deja de ser parte de ese desconcierto que vie el espectador ante un desarrollo argumental que exige mucho de él.
El retrato inicial, el más poderoso, es el de la réplica de un director que se inicia y queda sorprendido/absorbido por los recursos y las necesidades específicas de un arte tan complejo como el cinematográfico. Ahí sí que hay una declaración de amor al cine y un cierta vertiente autobiográfica que De Palma sabe explicar con un uso de la cámara original y efectivo, del mismo modo  que el cambio al blanco y negro para la parte del Be Black consigue efectos de iluminación de una radicalidad agresiva extraordinaria.
Con todo ya digo, la película no pasa de ser una hija obediente de su época «rebelde» con unos planteamientos no del todo bien digeridos y una deriva alocada que se manifiesta en su magnífico final, que da título a la película.

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