domingo, 21 de junio de 2026

«Verano del 85», de François Ozon, entre Rohmer y Polanski.

 

El choque entre la pasión, arrebatada e ingenua, de los dieciséis años y el donjuanismo tenebroso.

 

Título original: Eté 85

Año: 2020

Duración: 101 min.

País:  Francia

Dirección: François Ozon

Guion: François Ozon. Novela: Aidan Chambers

Reparto: Félix Lefebvre; Benjamin Voisin; Philippine Velge; Valeria Bruni Tedeschi; Melvil Poupaud; Isabelle Nanty; Aurore Broutin; Samuel Brafman-Moutier; Bruno Lochet.

Música: Jean-Benoît Dunckel

Fotografía: Hichame Alaouié.

 

          Basada en una novela supuestamente juvenil del escritor inglés Aidan Chambers, François Ozon la ha adaptado de tal manera que esa especificación temporal queda superada por un planteamiento que la aleja de lo que habitualmente entendemos por literatura juvenil. El arranque de la película recuerda mucho el de Los cantos de maldoror, del conde  de Lautréamont, donde se nos sugiere, de buen comienzo que no sigamos leyendo, que nos abstengamos de precipitarnos en el horror y la locura.

          La historia no puede ser más sencilla: un joven que ha terminado la educación secundaria, amante de la escritura e hipnotizado por la muerte, ha de decidir si continúa estudiando, el bachillerato, como le gustaría a su madre, o si se pone a trabajar, como le gustaría a su padre. Son días luminosos en un pueblo de Normandía que se llena en verano. El joven ha sido plantado por un amigo, con quien iba a dar un paseo en un snipe, pero este le dice que coja él el barco. Así lo hace, pero, dada su inexperiencia, y ante la amenaza de una tormenta que se acerca amenazadoramente, quiere girar y acaba cayendo al agua y volcando el barco. Atenazado por el miedo, ve acercarse hacia él una suerte de arcángel salvador erguido en un barco como el suyo que lo rescatará y remolcará el snipe volcado hasta el puerto.

          El inicio, sin embargo, del que lo anterior es un flashback, nos muestra al joven de dieciséis años, detenido por la policía y avisándonos de que no progresemos en el visionado de la película, esto es, en el conocimiento de su historia, si no queremos enfrentarnos al mal mas terrible. Con este aviso en mente, pronto, sin embargo, nos olvidamos de él, porque el progreso de la relación entre el joven tímido y sensible y el joven impetuoso, exhibicionista y engreído que lo seduce con su sola mirada va a progresar de tal manera que, sin hacer una película reivindicativa sobre la homosexualidad, la da por descontada y privilegia una historia de seducción clásica que se apoya en la desbordante y magnética actuación de un don Juan de primera: Benjamin Voisin, a quien vimos mi Conjunta y yo sin reparar, ¡lo que son las cosas!, en que lo habíamos visto hace pocas semanas en El extranjero, también de Ozon. Cierto es que las caracterizaciones de Voisin en ambas películas difieren un mundo, pero nos ha sorprendido no haberlo reconocido «a la primera». Ello prueba, entre otras cosas, la poderosa versatilidad de este joven actor con una larga y exitosa trayectoria profesional. Félix Lefebvre, quien se nos presenta como el protagonista, lo secunda a la perfección, porque reúne en su persona la ingenuidad de la edad, la inseguridad propia de una inclinación sexual que puede generar un doble rechazo, familiar y social, y el desbordamiento emocional que le provoca el descubrimiento no tanto del sexo como del amor. Imagino que la visión inicial del personaje navegando hacia él para salvarlo del naufragio es la metáfora perfecta de cómo va estrechando lazos amatorios con «el primer amor», y de ahí la virulencia que acaba teniendo, en un momento dado, la separación entre ambos: unas escenas de logradísima intensidad que acreditan esta película como una de las mejores de Ozon, porque ha sabido dosificar con mucha habilidad, la crónica veraniega del primer amor, un tópico que nos recuerda el cine de Rohmer, y la película está rodada en los espacios «propios» de este, en la costa de Normandía, la pasión que puede inducir a la más terrible de las venganzas y la desorientación de un joven que se debate entre la vida del estudio y la vida del trabajo. Para satisfacer al padre, su amante lo coloca en la tienda de artículos de pesca, playa y navegación que regenta la madre de su enamorado y donde este mismo trabaja para «seducir» al público, porque es el don que permite mantener abierto el negocio, tras la muerte del padre. La figura de la madre del seductor, Valeria Bruni Tedeschi, tiene un papel menor en la trama, pero, desde esa figura casi episódica se ha de enfrentar a unas escenas de alta carga emocional que saca adelante con extraordinaria pulcritud, del mismo modo que, en el inicio de la relación entre los dos jóvenes, está graciosísima cuando se empeña en desnudar al joven Alexis, tras llegar rescatado a casa por su hijo David, y queda sorprendido por la, suponemos, densa virilidad del joven, digámoslo así...

          La historia tiene alguna derivada literaria que procede, así quiero entenderlo, de uno de los clásicos de la literatura francesa de posguerra: Escupiré sobre vuestra tumba, de Boris Vian. Por más que sea una referencia meramente nominal, dado que, a causa de la obsesión por la muerte que tiene Alexis, David le hace jurar que ambos han de cumplir un compromiso: «bailar sobre la tumba» de aquel de los dos que fallezca antes, lo cual no deja de introducir un augurio que acaba teniendo en vilo a los espectadores. Algunas secuencias, sin embargo, como la conducción temeraria de la moto cuando van juntos, parece reforzar la posibilidad de que se trate de una promesa que no va para largo, sino para el futuro inmediato. La otra deriva literaria tiene que ver con los esfuerzos del joven Alexis por recontar su historia con David, algo a lo que le empuja su profesor de literatura, quien, en su día, también lo fuera del joven David, aunque este escogió el camino del trabajo y de las experiencias vitales frente al futuro de libros por el que parece inclinarse Alexis.

          A lo seguidores de Ozon les va a llamar mucho la atención una secuencia de travestismo que les recordará a Una nueva amiga,  otra famosa película suya, pero no añadiré nada más, de modo que sea recibida con toda su carga: emocional y cómica, a un tiempo.  

          Este verano del 85, con una banda sonora impecable, destaca, sobre todas las piezas,  la canción de The Cure, In between Days, cuya letra paree una sinopsis de la película. De hecho, según he leído, la adquisición de los derechos de la canción obligó a cambiar el título de la película, del 84 al 85, en que salió a la venta la canción.

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