sábado, 28 de marzo de 2020

«La cena», de Oren Moverman. La ética y la «famiglia»…



De Sarrià (Barcelona) a las pantallas de medio mundo: La cena:  los dilemas éticos del estado del bienestar o la ancestral llamada del clan…

Título original: The Dinner
Año: 2017
Duración: 120 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Oren Moverman
Guion: Oren Moverman (Novela: Herman Koch)
Música: Elijah Brueggemann
Fotografía: Bobby Bukowski
Reparto: Steve Coogan, Laura Linney, Richard Gere, Rebecca Hall, Chloë Sevigny, Charlie Plummer, Michael Chernus, Seamus Davey-Fitzpatrick, Adepero Oduye, Dominic Colon, Joel Bissonnette, Emma R. Mudd, Onika Day, Robert McKay, George Aloi, Benjamin Snyder.

Después del experimento que supuso Invisibles, con Richard Gere haciendo de homeless, un error de casting que arruina cualquier película, el director Oren Moverman devuelve al actor el brillo de papeles en los que encaja a la perfección y nos lo presenta como un senador en apuros políticos a los que se añade un drama familiar que comparte con su hermano. Aunque tiene el marcado aire teatral de películas como Un dios salvaje, de Polanski, con la que guarda cierto parecido, la película traduce al cine la novela  de Herman Koch de idéntico título, inspirada en un suceso acaecido en el barrio de Sarrià de Barcelona y que impresionó vivamente al autor, acérrimo culé y enamorado de nuestra ciudad, como nos impresionó a todos los barceloneses cuando conocimos la noticia del terrorífico suceso: unos jóvenes sin principios ni escrúpulos ni humanidad quemaron viva a una vagabunda que dormía en un cajero automático de una sucursal bancaria.
Moverman adapta la obra a la sociedad usamericana y nos muestra dos familias muy distintas de dos hermanos cuya rivalidad constante ha impedido que se relacionaran con cordialidad e incluso afecto a lo largo de su vida: uno es el triunfador, Richard Gere, Senador en Washington, casado en segundo matrimonio y con dos hijos del primero, uno de ellos, negro, adoptado, y su hermano, un excéntrico profesor de Historia obsesionado con la batalla de Gettysburg, que supuso el principio del fin de la Guerra de Secesión, una Guerra Civil terrible cuyas heridas forman parte del cine de John Ford en películas inolvidables como El sol siempre brilla en Kentucky, que recomiendo fervientemente.
Ambos matrimonios quedan en un restaurante exquisito exclusivo de la Jet, para absoluta incomodidad del hermano, quien se siente como un pez fuera del agua en ese ambiente refinadísimo y de quien acabaremos sabiendo que padece una enfermedad mental que no le impide, sin embargo, mantener viva, y con plena memoria de hasta los más íntimos detalles, la rivalidad con su hermano mayor. Dicha incomodidad tiene su raíz última en el paternalismo  con que cree ser tratado por su hermano, de ahí su propensión a boicotear una reunión a la que no quería asistir.
La película se estructura en capítulos que reciben el nombre de los sucesivos platos que les son servidos a lo largo de una cena constantemente interrumpida por el equipo de apoyo del Senador que está haciendo las gestiones urgentes y de ultimísima hora para recabar apoyos de otros senadores para una ley progresista que quiere aprobar el protagonista. Ese «ceremonial» gastronómico es uno de los puntos fuertes de la vertiente cómica que tiene la película, y remite, conscientemente o no, al banquete de Trimalción del Satiricón, de Petronio. Boadella hizo también algo muy gracioso en ese sentido en su adaptación de El retablo de las maravillas, de Cervantes.
Todo parece discurrir como una comedia costumbrista, con críticas al sistema político usamericano y a las tradicionalmente «imposibles» relaciones de fraternidad, así como las complejas relaciones matrimoniales de ambos hermanos, cuando, casi de pronto, porque están ya cerca de los postres aparece el «tema muy importante» el que tienen que hablar ambas parejas y que constituye, en el fondo, el motivo de la reunión: Emerge entonces, ante los ojos atónitos del espectador un suceso del que ha ido recibiendo fragmentos narrativos inconexos a lo largo de la reunión hasta que el Senador los sintetiza en toda su crudeza: sus hijos, los de los dos hermanos, han prendido fuego a una homeless en el refugio urbano donde pasaba la noche en una orgía de desprecio, agresividad, desconsideración, odio y supremacismo en el que el hermano y primo negro no ha querido participar, el mismo que amenaza a ambos con denunciarlos a la policía, lo que genera un intento de sobornarlo por parte de la mujer del profesor. El enfermo mental,  quien ignoraba la totalidad del asunto, es tratado por el hijo con un desprecio no muy distinto del que exhibió en la agresión a la anciana a la que quemaron viva.
         La decisión que quiere compartir el Senador con su hermano es la de la renuncia a su cargo y la admisión del delito ante la Justicia, para que sus hijos reciban un castigo que pueda incluir una rehabilitación que no condicione sus vidas, algo a lo que la mujer del hermano no está dispuesta de ninguna de las maneras…
         Cuando creíamos que la película «moriría» lentamente, emerge el gran dilema ético que se les presenta a los personajes: dado que no hubo más testigo que el hermanastro negro, ¿han de arruinar las vidas de sus hijos, quienes apenas las están iniciando, por unos escrúpulos de conciencia? ¿Qué vale más, la satisfacción del deber cumplido o evitarles, porque pueden hacerlo, a sus hijos una condena que arruinará sus vidas?  Y ahí les dejo yo a los espectadores, aupados a ese péndulo que oscilará hacia uno y otro lado y cuyo desenlace sorprenderá a no pocos, y ese es otro de los méritos de la película. Hasta la irrupción del «caso», bien creeríamos que estábamos ante una comedia de costumbres perfectamente «*ceremoniadas» e interpretadas por un cuarteto en el que sobresale, por mucho, ese excelentísimo actor que es Steve Cooghan, a quien espero ver, de aquí a poco, en su interpretación de Stan Laurel, de la que he oído bondades. En fin, una película valiente que muestra las miserias y podredumbres humanas en el marco de la mayor exquisitez hedonista de la sociedad de consumo…

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