jueves, 26 de marzo de 2026

«Subsuelo», de Fernando Franco, un excelente drama psicológico.

Una terrorífica historia de gemelos, mentiras y humana cobardía.  

 

Título original: Subsuelo

Año: 2025

Duración: 115 min.

País:  España

Dirección: Fernando Franco

Guion: Begoña Arostegui, Fernando Franco. Novela: Marcelo Luján

Reparto: Julia Martínez; Diego Garisa; Nacho Sánchez; Sonia Almarcha; Itzan Escamilla; Gerardo de Pablos; Jorge Cabrera; Lucía de la Puerta; Iñigo de la Iglesia; Elvira Cuadrupani; .Helena Zumel

Música: Maite Arroitajauregi

Fotografía: Santiago Racaj.

 

          Después de una ópera prima como La herida, que le valió el Goya al mejor director novel, y que tanto me impresionó, por la aparente normalidad con que se contempla la crudeza de un trastorno mental, no había vuelto a ver ninguna otra película de Fernando Franco, y en parte lo achaco a las dificultades que tienen tantas películas españolas para llegar al gran público, no al que las busca entre tantísimos estrenos semanales o a los que se afanan en recuperar excelentes películas olvidadas por la crítica y el público. Da igual, el caso es que al cine español le cuesta algo más que Dios y ayuda llegar a ser conocido por espectadores motivados a favor, como yo mismo. Las plataformas me descubren algunas de ellas, y por eso he reparado en que, por ser de Fernando Franco, merecía la pena ser vista. Y así ha sido. No hace mucho me pasó lo mismo con El talento, de Polo Menárguez, una excelente adaptación de una obra de Arthur Schnitzler, producida por Fernando León de Aranoa, también coguionista, y que ha sido marginada totalmente en los Goya de este año. Reconozco que me muevo en el ámbito de los espectadores «comodones», dados mis muchos intereses intelectuales, de esos que esperan que les lleguen las noticias sobre algo tan querido como es el cine del propio país, tan pródigo en excelentes realizaciones, desde siempre. En fin, tendré que espabilarme, está claro.

          Si La herida era la historia de un personaje maltratado por un trastorno mental, en esta adaptación de lo que todo da a entender, por las críticas de FilmAffinity, que es una estupenda novela de Marcelo Luján, Subsuelo se entra en la tormentosa relación que tienen dos gemelos, sobre todo porque Fabián tiene una inequívoca tendencia psicópata que irá a más a lo largo de la película. La historia es bien sencilla y no tiene ni trampa ni cartón, excepto por una alteración en la narración de los acontecimientos que da un vuelco argumental para el espectador y justifica la deriva angustiosa de la existencia de su hermana, Eva. Una estampa tranquila de un par de matrimonios en una segunda residencia, en verano, disfrutando de la noche, los hijos hablando tranquilamente al lado de la piscina, si bien cuesta tanto entenderles, por esa manía nefasta de privilegiar la ausencia de vocalización como una muestra de realismo, de naturalidad, y nos obliga a ponerle subtítulos. Aparece Fabián, el hermano gemelo, que se inmiscuye en la relación amistosoafectiva de su hermana. En cierto momento, les piden que vayan por hielo a una gasolinera cercana y la pareja está dispuesta a ir, aunque el hermano se autoinvita. Para desconcierto de su hermano, el amigovio, Javier, le cede el asiento de la conducción a Eva, pero apenas han llegado al Stop que hay a poco de salir de la casa, el coche se le escapa justo en el momento en que otro circula, choca contra ellos y se produce un accidente mortal y terrible.

          A resultas del choque, muere Javier y Fabián queda paralítico. La historia continúa en la casa de campo, otro verano, con el hermano en silla de ruedas y a quien han instalado una grúa junto a la piscina para poderlo bajar y que nade, aunque el mecanismo no es muy del agrado del tetrapléjico. Lo que se nos narra después es la turbia relación de sometimiento que ejerce Fabián sobre su hermana Eva, a quien graba y controla a través de mensajes que le hacen la vida imposible, como ya se la hiciera antes de sufrir el accidente. Me apresuro a destacar el trabajo de ambos actores, gemelos en la ficción, Julia Martínez y Diego Garisa porque de él depende el absoluto interés y recelo que la relación e ambos hermanos despierta en los espectadores. Diego Garisa, de rostro angelical, recuerda en todo momento a Michael Pitt en aquella película, Funny Games, de Micharl Haneke, y se le mete al espectador un escalofrío cada vez que mueve los hilos de la humillación de su hermana, desde una posición de poder que se acrecienta cuando el sentimiento de culpa por su estado se instala en quien fue la causante de su accidente, si bien, y de eso nos enteramos a mitad de película, cuando los inspectores de la casa de seguros los visitan para interrogarlos una y otra vez en busca de una explicación a cómo pudo ser posible que el conductor se saltara un Stop perfectamente señalizado, descubrimos que Eva cambió el cuerpo de Javier para que apareciera como el conductor, dado que ella, aún menor de edad, no tiene carnet.

          El drama que afecta a ambas familias va a tener una evolución imprevista cuando el hermano mayor de Javier, Ramón, interpretado por Nacho Sánchez, se enamora de Eva, con quien va intimando una relación con un tacto extraordinario, porque pesa sobre ambos el recuerdo del examigovio y del hermano, respectivamente. A esa lenta progresión afectiva ha de añadirse la tensión que atenaza a la joven por la relación sexualmente enfermiza que mantiene con su hermano. Nacho Sánchez, de inquietante presencia per se fue el protagonista de una excelente película del cancelado Carles Vermut, Mantícora,  que, abundando en lo que he dicho al comienzo de la crítica, fue totalmente marginada en los Goya del 23, a pesar de su enorme calidad. La presencia de Ramón, así pues, le produce un pálpito constante al espectador de que algo, y no bueno, ha de suceder, andando ese actor de por medio...

          La sorpresa de la trama no es este el lugar para desvelarla, por supuesto, pero si conviene decir que el tratamiento realista del trauma que afecta a ambas familias está muy bien desarrollado, y cuenta con una actriz, la madre de los gemelos, Sonia Almarcha, que vive de espaldas a lo que ocurre ante sus ojos ciegos y tiene una relación distinta con cada gemelo: sobreprotectora con su hijo y muy agresiva con su hija, cuya conducta no entiende de ninguna de las maneras y le crea una incomodidad absoluta, además de hacerla responsable por supuesto de la postración de su hermano. Con esos mimbres, ser capaz Fernando Franco de mantener la tensión hasta el desenlace es muy digno de admirar, porque, y de ahí el subsuelo, nos asomamos a perversiones ingratas de contemplar y a los difíciles caminos por los que la verdad ha de abrirse relativo paso, que se desea «controlado», pero que acaba estallando como solo ella sabe hacerlo: deshaciendo todas las máscaras que la ocultaban. El thriller psicológico tiene larga tradición en el cine y Fernando Franco ha sabido pautar perfecta, milimétricamente, un desarrollo que en ningún momento no solo no se le va de las manos, por el peligro de la sobreactuación de los personajes, sino que vela datos importantes con total naturalidad para que nos estallen como auténticas cargas de profundidad en los momentos adecuados. Una maravilla.

 

 

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